¡Otra Vez Navidad!

Las fiestas de las navidades se entremezclan con las tradiciones de los pueblos, con los recuerdos del pasado y con los sueños del presente. Pero deben ser siempre una oportunidad para hacer de todos los sentimientos uno solo. Hacer que en nuestro mundo, nuestra vida y nuestro corazón sea Navidad.

Con el viento frío del invierno se encienden las luces de la fe y de la esperanza que llenan con música de villancicos y anuncios de compras. Pero para muchas personas es el tiempo de la melancolía, de la tristeza y del vacío, porque están lejos de los suyos, de su tierra o porque han perdido a uno de sus seres queridos. Tal vez, para otros sea simplemente un tiempo difícil por no tener dinero, empleo, salud o algo más.

El lenguaje de Dios es diferente: es sencillo y humilde y se oculta en la simplicidad del niño que nace en un establo, pero que irradia la luz del amor y del cumplimiento de las promesas. Con su ternura desarma los corazones de la violencia, el odio y los transforma en el perdón y la reconciliación. Con su vida frágil nos habla de la esperanza de poder salir adelante, de crecer y de enfrentar las dificultades de la vida.

Porque más allá de la pobreza, del desprecio de algunas personas y de la indiferencia del resto del mundo, nace para todos el Verbo de Dios hecho hombre para salvar a toda la humanidad, para consolar a los tristes y acoger en su reino a los que mueren. Para traer esperanza a los peregrinos de la vida y animar a los pobres a descubrir las riquezas de la fe.

Jesús quiere renacer en nuestras oscuridades y en nuestros sufrimientos para sanar y dar vida, para que descubramos el sentido de la existencia humana, para que volvamos a los valores de la humanidad y hacernos sentir que todos somos una sola familia. Dejemos que renazca y reavive la fe en nuestra Iglesia, nuestra familia y nuestro corazón.

Padre Fernando Torres