Buscando líderes
El Padre Patrick Keane, Vicario para los Hispanos de la Diócesis de Raleigh, nos
habla sobre las alegrías y los retos de servir a esta creciente población de católicos
en Carolina del Norte.
Una entrevista con el Padre Patrick Keane, por Rich Reece.
Padre, cuéntenos un poquito sobre su vida antes de que se hiciera sacerdote.
Crecí en Winston-Salem siendo el menor de cuatro hermanos. Mis padres murieron ya.
Cuando joven no tenía planeado ser sacerdote. Obtuve una maestría en Ingeniería
Civil en la Universidad de NC State y trabajé para el Departamento de Transporte
de Carolina del Norte en el diseño y el manejo de proyectos en todo el estado.
En mi juventud no estuve cerca a la Iglesia como debería haberlo hecho. No había
sido confirmado. Pero comencé a recuperar mi fe y participé en el programa del RICA
en la Parroquia de St. Michael. En 1994, durante mi tiempo libre me involucré al
ministerio de los hogares para las personas de la tercera edad. ¡Era una verdadera
alegría llevarles la Eucaristía a éstas personas y a los enfermos!
Lo que verdaderamente me llevó al camino del sacerdocio fue un video de la Campaña
Anual del Obispo en 1995. En el video, una hermana hablaba de la escasez de sacerdotes
y cómo sin más sacerdotes, los católicos de las áreas rurales de Carolina del Norte
se verían en necesidad de conducir más lejos para encontrar una iglesia hasta que
algún día decidirían ir a cualquier iglesia que les quedara más cerca. Yo amaba
la Iglesia católica y no me gustaba pensar que la gente no pudiera recibir los sacramentos.
Así que comencé a orar porque se dieran más vocaciones sacerdotales. Sin embargo
no pensaba en ser un sacerdote hasta que un día leyendo la Biblia llegué al llamado
que Jesús le hace a Pedro. Jesús le dijo: "Simón, tu me amas?" Simón dijo:"Si Señor,
tu sabes que te amo." Entonces Jesús le dijo: "Alimenta mi rebaño."
Este pasaje me impactó. Era como si Jesús me estuviera hablando: "Patrick, tu me
amas?" Y me pregunté qué podría significar para mi "alimenta mi rebaño." Así que
deje mi trabajo, mis dos carros, mi casa. Hice trabajo pastoral en Our Lady of Lourdes
y a los 34 años regresé a la Universidad de NC State a estudiar el español. Sin
embargo, antes de ingresar al seminario fui a El Salvador a hacer trabajo de misión.
Me enamoré de la gente y la cultura de El Salvador. Dios tocó mi corazón e inmediatamente
supe que el Ministerio Hispano sería parte importante en mi sacerdocio. Comencé
una fundación sin fines de lucro que se llama The Least Among Us, que construye
escuelas católicas en los lugares más pobres allá. Cada centavo que se dona a la
fundación va para la construcción de escuelas y para becas para los estudiantes.
Después como seminarista, pasé siete semanas en Guadalajara, México. El servir allá
me dio muchas alegrías y esa experiencia ha sido siempre una gran ayuda en mi sacerdocio
ahora que tantos hispanos en Carolina del Norte son de México.
¿Qué es lo que usted admiró de la gente en El Salvador y en México?
Estos son países católicos. Carolina del Norte no es un lugar católico. Aquí toleramos
de todo, desde el Wicca hasta el Budismo. En América Latina los valores católicos,
los valores de familia, el respeto al sacerdocio, todos están entretejidos a la
cultura. La gente conoce su fe y les importa.
Existe un gran peligro para ésta gente al venir a los Estados Unidos y ser absorbidos
por una sociedad mucho más mundana, con todas sus libertades. La pobreza obliga
a la migración. Tengo el mayor respeto por la gente que viene aquí a trabajar para
mejorar la vida de sus familias. Pero esto tiene un costo. La migración ha erosionado
a la familia y la fe; hay niños allá que implícitamente pueden convertirse en huérfanos.
Por eso es importante que la gente aquí no le pregunte a los inmigrantes: ¿Cómo
fue que llegó aquí?, sino mas bien "Ahora que está aquí, ¿cómo puedo ayudarle?"
¿Cuáles son los retos que usted enfrenta en su papel de Vicario para los Hispanos?
El reto más importante es ayudar a la gente a mantener su fe, ya sea que vayan a
estar aquí por dos años o por el resto de sus vidas. Necesitamos ofrecerles una
formación de fe continua y seguir enseñando sobre Dios y la Biblia.
Un segundo reto es ayudarlos con las cosas prácticas como la obtención de la licencia
de conducir, o el seguro para el carro, o el cuidado prenatal para madres jóvenes.
He bendecido demasiados bebés hispanos que han muerto porque nacieron prematuramente
y sus madres no tenían educación ni cuidado prenatal.
Otra tarea importante es el desarrollar líderes espirituales dentro de la comunidad
hispana y para lograrlo la educación es crucial. Un hombre joven puede sentir el
llamado al sacerdocio pero su educación puede sólo haber llegado al octavo grado.
El seminario requiere un grado universitario. Otra preocupación puede ser el estatus
de visa o residencia. Necesitamos tratar de ayudar a cambiar el estatus legal de
tal manera que los jóvenes puedan permanecer aquí e ir a la escuela.
Los inmigrantes sufren de prejuicios y hostilidad en su contra.
Tristemente es así. Pero los hispanos son simplemente la última ola de una larga
historia migratoria en los Estados Unidos. Los irlandeses, los italianos y los alemanes
construyeron nuestras ciudades en el Siglo XIX. Los chinos construyeron nuestro
ferrocarril. Hoy, los inmigrantes hispanos construyen nuestra economía, realizando
los trabajos que nadie más desea hacer. Por ejemplo, muchos de ellos trabajan en
las plantas procesadoras avícolas y porcinas. El trabajo es repetitivo y peligroso.
No hay vacaciones. Pero es la forma como éstas personas mejoran las vidas de sus
familias. Esta ha sido siempre la historia de los inmigrantes.
Y algunos de ellos ya están viviendo el sueño americano. Conozco un señor que tiene
cinco acres de tierra y una casa. Conozco otros que son dueños de negocios, con
empleados. Estas personas tienen más de los que yo logré con mi título de maestría.
Necesitamos darles a los inmigrantes sus derechos y debemos integrarlos al sistema
para lograr la residencia.
Sé que usted cree que los hispanos tienen cosas que enseñarnos al resto de nosotros.
Por supuesto. Se oye mucho sobre como lograr la asimilación y eso es bueno en el
mundo económico. Pero mientras ellos trabajan con otros, es importante que los hispanos
no pierdan su propia identidad y sus valores. Ellos necesitan sus propias comunidades
para el culto, su propio estudio bíblico y sus grupos juveniles. Y necesitan ser
totalmente bilingües. Los hijos de los inmigrantes hablan algo de español, pero
muchos de ellos leen y escriben solamente en inglés. Mi madre inmigró desde Lituania;
no habló inglés sino hasta que tuvo los ocho años. ¿Sabe usted cuánto lituano hablo
yo? Nada. Esa es una pérdida para mí.
Los hispanos todavía mantienen valores religiosos y de familia que nuestra cultura
ha perdido. Su amor por los niños por ejemplo. En su cultura los niños son vistos
como una bendición. Y ellos son el futuro de nuestra Iglesia. Conozco a un doctor que aprendió español para enseñarles a los inmigrantes sobre la planeación familiar
natural. Él sabe que algún día los hijos de la gente a la que él le enseña, se adaptarán
a nuestra cultura y lo buscarán para que les aconseje sobre medidas anticonceptivas.
Los hispanos valoran la familia, los abuelos, las tías y los tíos, todos están unidos.
Es muy lindo ver la manera como se cuidan entre si.
Ellos también toman su Fe seriamente. Algunas veces usted notará que durante la
Misa hispana mucha gente no recibe la comunión. Eso es porque no han ido a confesarse
y tienen un profundo respeto por la Eucaristía.
Es importante que estos valores se conserven y sería bueno que el resto de nuestra
cultura los imitara.