Matrimonio Hispano
Por Padre Fernando Torres
El matrimonio, como experiencia de vida tiene diferentes etapas; tiempos de novedad
y de rutina, de salud y de enfermedad, de comprensión y de reclamos, de compañía
y de soledad. El matrimonio no avanza con el tiempo, el amor no crece con el paso
de los días, ni la familia se fortalece por el número de hijos que se tengan y los
problemas familiares no se solucionan con el silencio.
Las parejas hispanas de hoy tienen que vivir de acuerdo a la realidad actual y no
pretender solucionar los problemas familiares como en los tiempos pasados.
Hoy en día vivimos en una sociedad que busca la igualdad entre el hombre y la mujer,
con los mismos derechos y los mismos deberes.
Donde nadie se somete al otro ni por dinero ni por autoridad ni por amor.
Donde el matrimonio es una entrega mutua, una comunión de vida y no una posesión
de esposo o de esposa.
Vivimos en una sociedad celosa que hace respetar los derechos de los niños y de
la mujer, para evitar cualquier clase de maltrato o violencia doméstica.
Sin embargo, al mismo tiempo que hay más derechos para las personas, también existen
más peligros que, aunque son sutiles, afectan directamente la vida de la pareja
y de la familia: la sociedad de consumo que no solo nos induce a comprar, sino a
trabajar de una manera que arrebata la dignidad de la persona, la esclaviza y la
aleja de su propio hogar. El creer que todo se compra y se vende, por lo que no
hay compromiso para ser felices. Los caminos fáciles del divorcio, del aborto, de
la infidelidad, del uso de drogas, alcohol y pornografía llegan a marcar la vida
de los seres humanos y los incapacita para amar verdaderamente.
Hoy más que nunca el matrimonio necesita mayor atención de parte de los esposos;
no basta con decir "te amo" sino que hay que aprender a vivirlo. No basta con acusar
al otro por no pensar, sentir o hacer, sino que hay necesidad de aprender a hacerlo
juntos. No es suficiente con darle una lista de compromisos al otro, sino que hay
necesidad de un compromiso mutuo. En conclusión la pareja debe trabajar siempre
para fortalecerse, sanar su comunión y crecer en su ser de esposos.
La Iglesia tiene mucho que aprender de las parejas porque en ellas está el futuro
de la familia, de la Iglesia y de la sociedad.