Ya que usted lo pregunta…
“Creo que la Iglesia nos enseña que no debemos usar ‘medios extraordinarios’ para prolongar la vida de una persona gravemente enferma. Pero ¿Qué son ‘medios extraordinarios’? Difieren ellos de acuerdo al caso? y… ¿Quién decide?”
Este mes con Monseñor Steve Worsley
¡Son preguntas extraordinarias! Usted definitivamente pregunta algo que es útil e importante. Como decía uno de mis maestros favoritos: nuestra habilidad y nuestra voluntad de hacer las preguntas correctas son las que nos ayudan a encontrar las respuestas útiles.
Mientras pienso en sus preguntas otras dos me vienen a la mente: ¿Quién nos hizo? ¿Por qué nos hizo Dios? Indiferentemente de si usted reconoce éstas dos preguntas, las respuestas fueron fundamentales para las enseñanzas que el Papa Juan Pablo II hermosamente enunciara en su encíclica Evangelium Vitae.
Para el creyente, la respuesta a la primera pregunta es que Dios nos hizo. Verdaderamente Dios nos hizo a su imagen y semejanza. Esta es la razón por la cual sostenemos que toda vida humana debe ser sagrada sin importar la edad, el género, la inteligencia, etc. Por ésta razón nunca decimos, como lo hacen algunos, que hay un momento en el que “la vida no tiene ya valor”. Nosotros por el contrario creemos que la vida humana siempre tiene valor porque es un reflejo del amor divino.
Por otro lado la respuesta a la segunda pregunta nos recuerda que la vida sobre ésta tierra no es nuestro destino eterno. Dios nos hizo para que lo podamos conocer, amar y servir en ésta vida y ser felices con él por siempre en la próxima. Si juntamos estas dos enseñanzas nos ayudarán con la mayoría de las preguntas sobre el “fin de la vida” que encontremos en bioética.
Los teólogos moralistas, como por ejemplo el dominico Francisco de Vitoria (1486-1546), nos han enseñado desde hace mucho tiempo que para preservar la vida uno debe emplear únicamente aquellos medios cuya carga no sea excesiva. El Papa Pío XII continuó ésta tradición en 1957 al hablar sobre los requisitos para usar “medios ordinarios” para preservar la vida y la opción correspondiente natural de “medios extraordinarios”.
En su origen los medios ordinarios o extraordinarios fueron términos técnicos que se referían a la obligación moral de uno mismo. La determinación si el tratamiento era ordinario o extraordinario dependía del impacto del tratamiento. Por lo tanto de acuerdo a su pregunta, la determinación es específica para cada caso. Depende del beneficio que el tratamiento le ofrezca al paciente y se relaciona con la carga que el tratamiento imponga al paciente, a su familia y a la comunidad.
Al ganar el concepto una aplicación más amplia, nació la confusión cuando la gente comenzó a usar el término “ordinario” para referirse a los que era común o usual en la práctica médica en vez del uso que se le dio originalmente. Como consecuencia, se asumió que los procedimientos o tecnologías específicas podrían clasificarse como ordinarios o extraordinarios.
Para reducir la confusión los moralistas comenzaron a usar la palabra “proporcionado” en vez de “ordinario” al referirse a los medios o los tratamientos que eran moralmente obligatorios. De igual manera se cambió el término “extraordinario” que se refería a los tratamientos que eran moralmente opcionales y se comenzó a usa el término “desproporcionado”.
De cualquier forma, la consideración moral importante prevalente no fue si la propuesta al tratamiento es la acostumbrada o comúnmente utilizada sino el beneficio que ofrece y la carga que impone. La Conferencia de Obispos de los Estados Unidos, siguiendo la posición que nos señala la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe en su Declaración sobre la Eutanasia(1980) , escribe lo siguiente en Ethical and Religious Directives for Catholic Health Care Services (2001):
“Mientras toda persona está obligada a usar medios ordinarios para preservar su salud, ninguna persona está obligada a someterse a un procedimiento médico que la persona haya juzgado de manera libre y conciente que no ofrece un beneficio esperanzador sin imponer riesgos y cargas excesivas al paciente o imponer gastos excesivamente pesados a la familia o a la comunidad.” [32]
En otra parte del mismo documento encontramos lo siguiente: “La persona tiene la obligación moral de usar medios ordinarios o proporcionados para preservar su vida. Proporcionados son los que a juicio del paciente ofrecen la esperanza de un beneficio razonable y no impone una carga o gastos excesivos a la familia o a la colectividad.”[56]
Usted notará que es el paciente quien con conciencia libre e informada determina si moralmente se necesita de un tratamiento determinado en su circunstancia particular.
Si usted se pregunta quién decide en el caso que el paciente está incapacitado para decidir o que el alimento y el agua puedan considerarse extraordinarios, encontrará la respuesta en los mismos documentos. Los dos están disponibles en el Internet. También los puede encontrar junto a otros recursos fabulosos en la página Web de Catholic Health East, patrocinado por St. Joseph of the Pines Health System, en www.che.org/ethics/.
No obstante los muchos desarrollos que han ocurrido desde que estudié medicina, la sabiduría de la Iglesia continúa siendo enormemente útil al tratar éstas y muchas otras preguntas éticas. ¡Gracias por preguntar!
Monseñor Worsley es el Vicepresidente de Misión y Ética de St. Joseph Healthcare en New Hampshire. Obtuvo su título de Medicina en Duke University y el STL en Ética en la Academia Alfonsiana en Roma.