Ángeles en la familia
Para las madres en estado de embarazo y sus hijos, el Proyecto Gabriel es un salvavidas.
Por Rich Reece/ Fotos de Denmark Photography
¿Cómo es un ángel? Kerry S. cree saberlo.
Hace diez años yo era madre soltera. Tenía un niño pequeño y estaba en el séptimo mes de embarazo. “El padre del niño me dijo que se casaría conmigo, pero no creí que su compromiso fuera para toda la vida así que le dije que no. Se fue inmediatamente. El estrés que se generó alrededor de esta situación me causó complicaciones en el embarazo y terminé teniendo que guardar cama. Estaba sola aquí, sin familia. Llamé a la parroquia de St. Michael en Cary. No podía conducir para ir al doctor, no podía salir a comprar los comestibles, así que pedí ayuda. Fue muy difícil, pero sentí que tenía que hacerlo por mis hijos.”
El teléfono de Kerry sonó al día siguiente. Un ángel la estaba llamando. Se llamaba Catherine Baron.
En ése entonces, Catherine era una de las pocas mujeres en St. Michael que voluntariamente se había ofrecido a ayudar a madres solteras, en lo que ellas necesitaran para poder llevar su embarazo a término y criarlos en un ambiente sano. Otro ángel era Terry Sedito. Juntas, crearían después en su parroquia un capítulo de la organización Proyecto Gabriel.
El Proyecto Gabriel comenzó hace 25 años en la Diócesis de Galveston-Houston, Texas, cuando un pastor decidió poner un letrero al frente de su iglesia ofreciendo ayudar a cualquier mujer que estuviera atravesando una crisis en su embarazo. Al año, 60 iglesias, católicas y de otras denominaciones, participaban en éste proyecto. Hoy en día, el proyecto tiene capítulos en todos los Estados Unidos.
Para establecer el Proyecto Gabriel en su parroquia el pastor debe dar primero el permiso. Después de diseñar y presentar un plan, se buscan los voluntarios parroquiales que se llaman “Ángeles Gabriel”, quienes reciben formación en los principios pro- vida, en comunicación efectiva y en recursos. La mujer que solicita ayuda de éste proyecto puede practicar cualquier religión o también no ser practicante. A ella se le asignará un Ángel que sea de su área. El Ángel puede buscar apoyo financiero, médico o conseguir cosas necesarias, dependiendo de los recursos que tenga la parroquia. Muchas madres embarazadas necesitan ropa de maternidad y para recién nacidos, asientos para el carro, cunas, fórmula, etc. Los Ángeles pueden organizar una lluvia de regalos para bebé en la parroquia. El proyecto busca además tratar las necesidades espirituales y emocionales que las madres en embarazo tienen.
Durante el entrenamiento que reciben los Ángeles, se les dice lo siguiente: “La parte más importante del Proyecto Gabriel no es ser psiquiatra, analista o trabajadora social. Lo que ustedes hacen se parece a lo que harían por una sobrina o un vecino. Es simplemente estar allí para ellas: llevarlas a almorzar, orar con ella y por su bebé, llamarla cada semana, llevarla a las citas médicas u ofrecerse a cuidar el bebé. En pocas palabras, ser una hermana, una ayuda y una amiga.”
Al escuchar la historia de Kerry, se entiende claramente la importancia de ése cuidado. Casi una década después, a ésta joven madre todavía se le salen las lágrimas al recordar qué sentía en ésos momentos sobre su embarazo: “Era una situación en la que yo no tenía cabida en mi familia y éstas mujeres me dejaron sentir su amor; alguien estaba feliz por mis niños y por mi. Ellas me hicieron sentir que había tomado la decisión correcta de quedarme con mis hijos.”
Que alguien estaba feliz… Esto es lo que más impacta al escuchar las experiencias de los Ángeles Gabriel y de los que han ayudado en ésos momentos. La mayoría de nosotros estamos acostumbrados a pensar que un nacimiento es una bendición, algo para celebrar.
Como lo dice su nombre, los Ángeles Gabriel les traen alegría a las mujeres cuyos embarazos son vistos por la sociedad y por sus familias como un estorbo o una carga, el fruto de una decisión inmoral o una razón de vergüenza. Los Ángeles ayudan a levantar el peso del juicio y lo remplazan con expresiones de apoyo y felicidad por la llegada de la nueva vida.
“Vemos mucho dolor y angustia” dice Catherine Baronm “pero también mucha alegría.” Junto a Terry Sedito y Mary Bozza, otros Ángeles de la parroquia de St. Michael, recuerda a una de las primeras madres que ayudaron. “Ella era de Sri Lanka. Tenía dos hijos varones y cuando quedó embarazada por tercera vez, ella y su esposo habían decidido tener un aborto. Pero ella no podía hacerlo pues era hindú. Para su tradición, la vida es tan sagrada como lo es para nosotros.” Un grupo de mujeres apoyaron a la madre a través de todo el embarazo. Cuando nació la hija, uno de los Ángeles la felicitó por tan hermosa bebé. Ella sonriendo y entre lágrimas le dijo: “Ella también es tuya.”
No todas las historias tienen el acostumbrado final feliz. Por ejemplo, el triste caso que sirve de inspiración del Ángel que recibió en su casa a una madre y su bebé recién nacido. Hoy el Ángel está criando el niño ella misma porque la madre se fue sin dejar una dirección.
Hoy en día existen capítulos del Proyecto Gabriel en muchas parroquias de la Diócesis de Raleigh: en St. Luke, St. Raphael y en Our Lady of Lourdes en Raleigh, St. Eugene en Wendell, St. Mark y St. Therese en Wilmington, en St. Jude en Hampstead entre otros. También hay un grupo de apoyo que se reúne en St. Joseph en Raleigh, conocido como el Círculo de Mamás, donde las mujeres embarazadas y las nuevas mamás comparten amistad y oración. Las llamadas al Proyecto Gabriel se dirigen a través de Birthchoice (919-781-5423) una organización que sirve de recurso y consejería para mujeres embarazadas; llamando a Catholic Charities o llamando directamente a las parroquias.
¿Puede cualquier persona ser un Ángel? Al escuchar el heroísmo de algunas de las voluntarias del proyecto podría parecer un poco intimidante. Sin embargo Catherine Baron dice que se necesitan Ángeles con diferentes niveles de compromiso. “Algunas veces se necesita ser consejero únicamente y esto no toma mucho tiempo.” Ella menciona la necesidad especial de Ángeles que sean bilingües y hablen español. Terry Sedito está de acuerdo y recuerda una pareja de México que no tenía hogar. “Vivian en un camión. Tenían un niño de tres años y la madre estaba en el octavo mes de embarazo.” La pareja llamó a la parroquia de St. Bernadette en Fuquay-Varina y el Proyecto Gabriel pudo ayudarlos con implementos para bebé y con una vivienda.
Terry Sedito dice que entre nuestros voluntarios existe mucho talento. “Si usted desea involucrarse puede ofrecerse a hacer llamadas, preparar comidas o proveer transporte para ir de compras o al doctor. Algunos de los Ángeles ayudan en la preparación del nacimiento o dando clases. Muchas donan cosas. ¡Recientemente alguien donó un carro! Tenemos un lugar para almacenar implementos de bebé y dos veces al año recogemos ropa. Durante la navidad y el día de la madre hemos hecho lluvias de regalos para bebés.”
Por supuesto que uno de los objetivos que tiene el Proyecto Gabriel es el de prevenir los abortos y ayudando a las madres es la manera más efectiva para lograr esta meta. Mary Bozza cita un estudio que muestra que ocho de cada diez mujeres que tienen abortos preferirían quedarse con sus bebés sino fuera por la falta de recursos materiales y la presión de las familias o de los papás. Pero los Ángeles del Proyecto están para quedarse con las madres y los niños por un tiempo largo. La señora Betty Rogosich, Directora de Birthchoice dice que organizaciones como Planned Parenthood le dicen a las mujeres embarazadas que las voluntarias pro-vida están allí “sólo por el bebé. Una vez que se da a luz, te dejan sola.” Catherine Baron, ángel del Proyecto Gabriel desmiente ésa afirmación.
Kerry S. está de acuerdo en esto. “Durante nueve años Catherine y Terry han sido parte de nuestra vida, parte de nuestra familia. Cuando di a luz vinieron al hospital. Ningún día de fiesta pasa sin que ellas nos recuerden que nos aman y que hay gente que piensa en nosotros. Recientemente cuando mi hijo quedó de tercero en su clase, ellas fueron las primeras a las que pensé llamar. Ha sido increíble recibir esta clase de amor incondicional por parte de ellas. Me gusta pensar que he sido una super mamá comprometida con mis hijos, pero esto no lo habría logrado sola.