Una Tradición Que Se Hace Vida
Para la Iglesia católica ha sido un don contar con el rezo del Santo rosario a lo largo de los siglos, pasando por los primeros monasterios que recitaban los Salmos como misterios de Cristo hasta llegar a la gente más sencilla que de manera fervorosa han hecho de este rezo, el instrumento de su fe, el camino de la contemplación y la oportunidad para congregarse como familia, como comunidad y como Iglesia.
De manera semejante ha pasado a las comunidades latinas en los Estados Unidos durante las últimas décadas. Ante las limitaciones del idioma, de la cultura, de la falta de una pastoral adecuada y muchas veces por la falta de sacerdotes, se han incrementado los “rosarios en las casas” que no es otra cosa que recorrer con la imagen de la Santísima Virgen María los hogares de las familias.
En los tiempos cuando comenzó a desarrollarse el rezo del Santo Rosario se vio que era la manera como muchas personas aprendían a tener una relación con Dios, con los misterios que nos han otorgado la salvación y con la intercesión de una persona que por su vida, su ternura y su santidad se ha hecho nuestra Madre, nuestra Maestra y nuestro modelo de cristiano.
Con esta práctica tan sencilla, las personas no solamente aprenden a repetir unas oraciones, sino que tienen la oportunidad de meditar en estos misterios de Cristo y de manera natural se comparten en las oraciones las necesidades del pueblo, sus gozos, sus sufrimientos y sus esperanzas.
Es hermoso ver y valorar todo lo que sucede alrededor de esta tradición: los amigos se reúnen, los vecinos se conocen, se preparan alimentos típicos, se le enseña a los niños con el ejemplo de vida la fe, las canciones, las oraciones y se descubre un descanso del alma cuando se canta “Ven con nosotros a caminar, Santa María ven…” Sintiendo la presencia y la compañía de la Madre del Cielo que nos impulsa a salir a buscar a su Hijo en los Sacramentos, en la sociedad, en el servicio y sobretodo en la practica de la caridad.
Padre Fernando Torres