¡Regocíjense!

Durante los 50 días que dura la gran fiesta de la Pascua regocijándonos con la Gloria de Jesús, es apropiado que reflexionemos sobre la alegría y cómo la experimentan aquellos que creen en quien resucitó de la muerte, Jesucristo.

Quisiera explorar dos cosas con ustedes: 1. ¿Qué es la alegría cristiana? 2. ¿Por qué celebramos la alegría de la Pascua durante 50 días?

La alegría es un don del Espíritu Santo. En Gálatas, Pablo nos dice que de los dones espirituales, es el segundo después del amor (5:22). Viene de Dios como un don puro. Comúnmente se considera la felicidad como un sinónimo pero esto es incorrecto. La felicidad es algo que viene y se va; la alegría penetra en nuestra alma; la alegría perdura. Felicidad es cuando todo lo que deseamos se hace realidad; alegría puede existir en medio del sufrimiento o los obstáculos. La alegría viene cuando estamos en paz con Dios, con nosotros mismos y con los demás.

La alegría cristiana es un don que permanece sin importar qué esté ocurriendo en nuestras vidas. Frecuentemente la vemos en las vidas de los santos, aún en la de los mártires y en las vidas de aquellos a quienes amamos y admiramos. Nunca olvidaré la última vez que estuve en presencia de nuestro amado Papa Juan Pablo II. Fue muchos meses antes de su muerte y estaba sufriendo mucho físicamente. Sin embargo, irradiaba calma, serenidad y alegría espiritual. Él nos enseñó que aún en medio de nuestras cruces podemos sentir alegría. Su ejemplo fue contagioso. Sin duda, él inspiró a un sinnúmero de personas y les ayudó a liberarse de cualquier sentimiento de derrota o de desesperación.

Creo que todos los cristianos poseemos el don de la alegría pero no todos la expresamos. ¿Cómo es posible que algunas personas irradien alegría en medio de los sufrimientos, las aflicciones y los esfuerzos de la vida diaria? Creo que es porque ellos tienen una relación íntima con Dios y confían en la nueva vida que Él ofrece. Ellos han gozado de la misericordia de Dios que se hace visible en Él, y se hizo pecado por ellos y por todas las personas y redimió al mundo con Su sangre.

Cada año entramos a la gran celebración del Triduo Pascual, los tres días que culminan con la celebración del la gran Vigilia Pascual el sábado en la noche y con la Misa del domingo. Hacemos un esfuerzo por hacer de estas liturgias el punto más alto de nuestro año. En ellas celebramos lo más importante de nuestra fe: la pasión, la muerte y la resurrección de nuestro Salvador Jesucristo.

Esta celebración y sus frutos son de tal importancia, que la Iglesia en su sabiduría nos ofrece 50 días para celebrar y sentir la alegría, la cual es nuestra por medio del Misterio Pascual. Espero que con la gracia de Dios, ustedes gocen y celebren la alegría en este Triduo Pascual y durante esta época de Pascua, permitiendo que nuestro Redentor los abrace con su amor infinito.

-- Excelentisimo Señor Michael. F. Burbidge, Obispo de Raleigh