Una bienvenida sencilla

El Centro de Catholic Worker (Trabajador Católico) en Silk Hope es un oasis de hospitalidad en el condado rural de Chatham.

Por Rich Reece/Fotografía de Scout Langley

A principios de 1800 se intentó establecer en Siler City, en el condado de Chatham, una industria de seda. Es de ahí que la comunidad agrícola de Silk Hope toma su nombre. De ése intento ya no quedan señales, pero un lugar en medio del campo donde la esperanza por un mundo mejor y más pacífico aún permanece. La casa de 2,010 pies cuadrados es una granja blanca situada en un lote de un acre, donde hay unos gallineros y una huerta orgánica. Este es el hogar de Steve Woolford, Lenore Yarger y su hija de dos años, Geneva, quienes como miembros del movimiento Catholic Worker( Trabajador Católico) ofrecen su hogar temporalmente a quien necesite un hogar transitorio.

El movimiento de Catholic Worker fue fundado por Dorothy Day y Peter Maurin en 1933, basándose en la creencia firme que Dios hace digno a todo ser humano. Hoy existen en el mundo más de 185 comunidades del movimiento y están comprometidas a la no violencia, a la pobreza voluntaria, a la oración, a hospedar personas sin hogar y los que tienen hambre. Steve y Lenore se conocieron en una comunidad similar en Phoenix, AZ y en 1998 iniciaron su propia casa de hospitalidad un poco más cerca de sus familias. (Los padres de Lenore viven en Raleigh y tiene una hermana en Apex).

“No hay una historia particular de la gente que viene aquí” dice Steve. Los huéspedes en Silk Hope llegan porque son referidos por las iglesias, los trabajadores sociales, la policía, el departamento de salud del condado e incluyen víctimas de abuso sexual, algunos con problemas de drogas, o personas incapacitadas que esperan que se les aprueben sus beneficios. “Son personas que están en transición. Algunos son inmigrantes. Pueden haber estado viviendo en el automóvil; puede ser que les quitaron su trailer. Algunos pueden tener un trabajo y hasta un automóvil pero no tienen dónde quedarse. Son personas que por una u otra razón han sido olvidadas.”

No existe una política sobre cuánto tiempo se puede quedar un huésped. Steve sonríe: “Hemos tenido personas que se han quedado una noche y otras dos años. Lo que esperamos es que cuando vengan simplemente tengan un plan realista para lograr independizarse.”

Steve y Lenore tratan de preparar la cena para todos los que viven en la casa, dos o tres veces a la semana. Eventualmente los huéspedes logran conocerse entre si. “Sería imposible no hacerlo” bromea Steve, “sólo tenemos un baño”. Hay tres cuartos adicionales en la casa y una pequeña cabaña en el jardín de adelante. El día que Steve y Lenore hablaron con la revista NCC, los huéspedes eran dos mujeres, un padre y su hijo de México, y otra pareja del movimiento Catholic Worker con su bebé.

Para una pareja joven con una hija de dos años, puede ser una prueba rigurosa el compartir su casa con extraños a los que la pobreza ha marcado de distintas formas. En una carta informativa que ellos publican dos veces al año, Lenore escribió emotivamente sobre la vida que ella y Steve sienten que el Evangelio los llama a seguir. Tituló el artículo: “Hospitalidad temible y dura”.

En el artículo escribió lo siguiente: “Espero cada llamada con sentimientos encontrados. Por un lado tengo la esperanza de que los que nos necesitan nos encuentren. Por otro lado, me muero de susto cuando pienso que realmente van a venir.” Nos contó de una familia que causó tanta intranquilidad hasta el punto que los otros huéspedes les pidieron que se fueran. Repitiendo las palabras de Dorothy Day dice: “Entregar nuestras posesiones todos los días, a cada hora y especialmente subordinar nuestros propios impulsos y deseos a los de los demás- son cosas muy difíciles; tampoco creo que las cosas se vuelvan más fáciles.

“Hace mucho dejé de pensar que ofrecer hospitalidad siempre te hará sentir bien. Todo lo que puedo realmente esperar es que nuestro teléfono siga sonando. Y espero tener el valor de seguirlo contestando”.

La comunidad no recibe ningún beneficio de los huéspedes. Lenore nos explica: “Tenemos con los Quakers un trabajo por el que nos pagan, aconsejando a los soldados que quieran dejar la fuerza militar y no están muy seguros de cuales son sus derechos.” Los miembros como los Quakers, son pacifistas comprometidos y se oponen a cualquier tipo de violencia. Parte de su pacifismo es no ganar lo suficiente como para no tener que pagar impuestos, ya que ése dinero puede ayudar a financiar la guerra.

¿Qué tan católica es la vida de una comunidad de éstas? Steve nos dice lo siguiente: “No tratamos de hacer mucho proselitismo. Tratamos de vivir en paz, construir el reino. Me gusta pensar que evangelizamos por medio del ejemplo.”

Lenore está de acuerdo con esto: “Es practicar la espiritualidad. Más tarde o más temprano nuestros huéspedes se preguntan porque vivimos así. Y ven que es debido a nuestra fe.”

La comunidad también se enfoca en vivir de manera sencilla: reciclar, sembrar una huerta orgánica, preservar la energía. “No es ofrecer simple hospitalidad”, según nos explica Lenore. La hospitalidad es parte de la no violencia, pero se necesita manejar el todo: la guerra, el racismo, la violencia con los hijos, la violencia que cometemos en contra de nuestro planeta…”

“Cuando decimos que debemos vivir simplemente, nos damos cuenta que gran parte del mundo pensaría que la forma como vivimos es totalmente lujosa. Pero tratamos de ser concientes y le ayudamos a los otros a ser concientes hasta el punto que tratamos de evitar ser cómplices en propagar cualquier tipo de violencia.”

Con ése mismo espíritu, Steve y Lenore han participado de muchas vigilias y protestas. Lenore recuerda lo siguiente: “Comenzamos durante la administración del presidente Clinton, protestando ante las amenazas de Clinton de bombardear Iraq, en contra de las sanciones que le fueron impuestas a ése país.” En junio de 2003, Lenore viajó a Iraq para hablar con la gente, para saber directamente cómo se sentían los Iraquíes por las sanciones, cómo habían afectado sus vidas.” Steve ha participado en protestas contra la pena de muerte y a favor de los derechos de los trabajadores agrícolas. Ha sido arrestado más de una vez. ¿Cree él realmente que puede cambiar el mundo?

En la carta informativa que la comunidad Catholic Worker publica, escribió una vez lo siguiente: “Tengo que admitir que hay veces que me he sentido abrumado por los problemas del mundo. La espiritualidad que me sostiene en dichos momentos es simple: Es confiar que Dios está con nosotros en nuestros esfuerzos y que Dios multiplica el bien que hacemos. Esta es la espiritualidad de los panes y los peces, del maná en el desierto, de los lirios en el campo. Sólo viviendo con ésa confianza es que podemos tener vida realmente abundante.”

“Deseo ser voluntario en una comunidad de Catholic Worker (Trabajador Católico)”.

Pocas veces se hace publicidad a las oportunidades de voluntariado en los hogares de Trabajadores Católicos. Algunas veces se puede encontrar un aviso en el periódico Catholic Worker de Nueva York, 36 East First Street, New York, NY 10003) o en la revista Sojourners. Se le aconseja a las personas interesadas, que contacten directamente el hogar de Trabajadores Católicos en el que tengan interés. Se puede encontrar en el Internet un directorio de los hogares de Catholic Worker (Trabajador Católico), su dirección, teléfono y una breve descripción de las actividades de la comunidad en http://www.catholicworker.org/communities/. Además el periódico The Catholic Worker

publica una lista de los hogares en su edición de Mayo.

Para más información

Para conocer más sobre el movimiento Catholic Worker, Dorothy Day, o cómo comenzar un hogar, vaya a www.catholicworker.org. Si desea recibir la carta informativa de la comunidad de Silk Hope, escriba a la siguiente dirección: 3355 Woody Store Road, Siler City, NC 27344.