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¿Cómo la Iglesia determina si un santo canonizado, como San Cristóbal, deja de serlo?

En 1969, surgió la pregunta en los medios seculares y entre muchos católicos, cuando se difundió la versión corregida del calendario litúrgico de la iglesia universal, por el Papa Paúl VI. En aquella versión, se eliminaron del calendario algunas celebraciones de santos, a otros se les asignaron diferentes días, y además, se agregaron otros días festivos para los santos recientemente canonizados. Ésta no ha sido la primera revisión del calendario de la Iglesia, ya que han habido muchas más revisiones desde aquel entonces.

Durante los primeros siglos de la vida de la Iglesia, podemos observar que comunidades locales celebraban la conmemoración de mártires difuntos, y se acostumbraba casi siempre durante la celebración de la Eucaristía en su favor. Algunos mártires fueron reconocidos de inmediato por comunidades vecinas y se repartieron listas o catálogos por toda la Iglesia. San Martín de Tours, murió pacíficamente alrededor del año 397 d.C.; es uno de los primeros santos recordados en la Eucaristía anual (confesores) que no forma parte de los santos mártires. Es recordado por sus virtudes heroicas al igual que por sus milagros que atribuyeron con su intersección, celebrándose así, cada 11 de noviembre, a lo largo de Europa donde se construyeron muchas capillas e Iglesias en su honor.

Se puede observar en ésta historia superficial que la veneración de los santos comenzó como un fenómeno local y lo sigue siendo hoy en día. Cuando la santidad de un miembro difunto de la comunidad católica es reconocido por el Pueblo de Dios, el obispo local tiene la posibilidad de introducir una “causa” a la Santa Sede, que ahora posee la decisión final y la autoridad para determinar si la Iglesia permitirá la veneración pública de dicha persona. Esto siempre tiene su punto de inicio a nivel local y se realiza por medio de una serie de investigaciones, autorizadas por Roma: (dónde vivió o falleció la persona) y cuál Obispo tenía autoridad en ese momento. Todas éstas investigaciones le permiten al Papa, determinar si la persona bajo el nombre de “Siervo de Dios” puede ser reconocido como venerable, bendecido o incluso, santo. La Iglesia, además investiga la legitimidad de los milagros alegados, los cuales se reciben con anterioridad a su beatificación y canonización.

Durante la mayor parte del primer milenio, el recurso de Roma para la beatificación y canonización no era requisito. De hecho, la primera canonización pública por el Papa fue la de San Ulric, Obispo de Augsburg; quien falleció en el año 973 d.C, y fue canonizado por el Papa Juan XV en el año 993. Con prontitud, se tornó atractivo para las iglesias locales canonizar a los santos por el Pontífice de Roma. De esta Manera, los santos fueron colocados en una lista oficial reconocida por la Iglesia Romana. A finales del siglo diez, los papas comenzaron a restringir la autoridad de los Obispos para canonizar, a pesar de que con frecuencia, las beatificaciones eran un asunto local.

En 1643, el Papa Urbano VII decretó que el rito de beatificación y canonización pertenece exclusivamente al papa. Un “oficio”, la Congregación Sagrada de Ritos, tiene el propósito de estudiar la vida y los milagros atribuidos a los candidatos a la santidad, establecido en 1588 y reorganizado en 1969 (la actual Congregación para las Causas de los Santos) Es responsabilidad de estos grupos, determinar y recomendar al Santo Padre la aceptación de martirio, virtudes heroicas y los milagros de los diversos Siervos de Dios. La decisión de proceder en cualquier momento durante el proceso, recae en el Papa. En los últimos siglos, se ha entendido que la beatificación permite la veneración de los bendecidos a nivel local. La canonización llama a la veneración universal de aquellos reconocidos como santos de la Iglesia. Es de opinión pública de muchos teólogos que la canonización es un acto infalible de autoridad papal, definiendo que el canonizado ahora es parte de la Comunión de Santos en el cielo.

En el actual calendario litúrgico, existen cuatro niveles de práctica de los bendecidos y de los santos: las solemnidades, las festividades, las conmemoraciones obligatorias y las opcionales. Además, existe un calendario universal del Rito Latino, el cual estipula la práctica a ser celebrada por todos, por medio de una Misa, Liturgia de Horas y cuales son opcionales. Asimismo, la conferencia nacional de obispos puede determinar, con la aprobación de la Santa Sede, días festivos adicionales que se observan en una nación o región. Comunidades religiosas, diócesis y parroquias pueden además tener calendarios particulares, dependiendo de la devoción y tradición local, por ejemplo: (el día festivo de un fundador, del santo patrono o de algún santo que vivió alguna vez en la diócesis) Sin embargo, no todos los santos canonizados o los reconocidos por la Iglesia han sido formalmente canonizados (como San Cristóbal) cuyo día se observa de forma universal o local.

Cuando el calendario litúrgico de el Rito Latino sufrió una reforma en 1969, fue el deseo del Papa Paúl VI de agregar más santos de alrededor del mundo y en diferentes estados de vida (solteros, casados, laicos, clero, etc.) Esto requirió la eliminación de muchos otros santos del calendario, que nunca fueron canonizados formalmente y quienes biografías carecían de evidencia histórica. Por ejemplo: San Cristóbal siempre ha sido un santo muy popular, cuya fama deriva de leyendas medievales, las cuales son contradictorias en su mayoría.

La eliminación de su día festivo del calendario universal no significó su eliminación de la lista de santos. Es apropiado, que San Cristóbal sea honorado con mayor prioridad por la parroquia que lleva su nombre (solemnidad) a pesar de que su día festivo no es obligatorio para la Iglesia universal. Igualmente, la conmemoración de Santa Elizabeth Ann Seton, la primera santa norteamericana, se observa el 2 de enero entre las diócesis de los Estados Unidos, mas no en otros lugares. En el pontificado del Papa Juan Pablo II, se agregaron nuevos santos al calendario, como la de San Padre Pio, además de realizarse muchas otras canonizaciones. Sin duda alguna, el calendario universal y local continuará en revisión, para proveer nuevos y convincentes ejemplos de santidad para nuestra imitación.

El Padre James F. Garneau, Ph.D., es el pastor de la Parroquia de St. Mary en Mount Olive, NC.