Los Migrantes en nuestra Comunidad
En estos días escuchamos sobre los procesos de migración, las expectativas de tantas familias ante lo que apruebe el Congreso de los Estados Unidos. La Iglesia Católica y las diferentes instituciones de servicio social protestan, se manifiestan y claman a Dios por una decisión justa a favor de los pobres y necesitados.
Otros en cambio, se han ocupado en intensificar la visión que todos los hispanos son migrantes indocumentados, personas al margen de la ley. Todo esto lleva a justificar las redadas y se siente cierto triunfalismo al despertar el terror en las comunidades hispanas.
Sabemos que a nivel político se ha pensado en la posibilidad de una amnistía, a nivel económico se ha medido el impacto de no contar con la fuerza de trabajo hispana, a nivel social algunos lo ven como problema y a nivel cultural no es atractivo para muchos comprender e integrar en la cultura americana este modelo.
No podemos olvidar que como católicos estamos llamados a darle la bienvenida a todos, sea de la cultura que sea; hable el idioma que hable o sea del país que sea. Estamos llamados a formar una sola comunidad con los mismos derechos y los mismos deberes.
Por eso vale la pena pensar, meditar y orar no solamente por los miles que han cruzado la frontera por necesidad sino por los millones que han nacido como descendientes de todos los migrantes y tienen derecho y necesidad de tener una familia y una estabilidad económica y social para poder realizarse como personas y miembros de la sociedad.
Necesitamos pedir por los millones de niños y jóvenes que están marcados por el sólo hecho de haber nacido en otro país, pero que han crecido en este lugar y, seguramente no conocen otro lugar ni otra sociedad, pero que son rechazados ante la posibilidad de crecer, de ir a una universidad, de buscar un trabajo digno o ir a un hospital en caso de necesidad. Su gran cruz es no tener un número de Seguro Social.
Como católicos debemos hacer algo para ayudar a nuestro país a comprender que por ese camino no estamos construyendo futuro ni felicidad para nuestras comunidades.
Padre Fernando Torres