Ya que usted lo pregunta...
¿Cómo comenzó el tiempo de Cuaresma?
El Papa Benedicto XIV, en su carta del 30 de mayo de 1741, les escribe a los obispos del mundo y les expresa su pesar por la disminución del espíritu religioso y la dispensa excesiva que se estaba presentando dentro de la Iglesia en relación con la disciplina de la Cuaresma.
El escribió lo siguiente: “La observación de la Cuaresma es la insignia de la guerra cristiana. Con ella demostramos que no somos enemigos de la Cruz de Cristo. Con ella prevenimos los castigos de la justicia divina. Con ella ganamos fuerza contra los príncipes de la oscuridad porque nos protege con la ayuda divina. Si la humanidad se vuelve indiferente en la observación de la Cuaresma iría en detrimento de la gloria de Dios, una vergüenza para la religión católica y un peligro para las almas cristianas. Tampoco puede negarse que dicha negligencia pueda convertirse en fuente de desdicha para el mundo, de calamidad pública y como enemigo privado.” Aunque el sabio pontífice expresara un antiguo sentimiento de la Iglesia, la actual disciplina en relación con la Cuaresma está talvez aún mas mitigada que cuando escribiera esas palabras.
En inglés, la palabra “cuaresma” se deriva de una palabra teutona que significa primavera. La palabra en latín para esta época sagrada es “quadragesima” y significa “cuarenta días” (más específicamente, el día número cuarenta) y pareciera imitar el término griego, tessarakoste (cuadragésimo). Algunos Padres de la Iglesia (por ejemplo, San Jerónimo, San León Magno, San Cirilio Patriarca de Alejandría, San Isidoro de Sevilla y otros) decían que este periodo, marcado especialmente por el ayuno y la abstinencia, tenía origen apostólico; sin embargo existe poca evidencia histórica que apoye este argumento. Lo que si existe es una abundante evidencia que demuestra una amplia variedad de tradiciones con relación a la duración del periodo y a las prácticas sobrias que se esperan de los fieles católicos durante el tiempo que precede la celebración de la Pascua.
En el inicio de la Iglesia, en muchos lugares se le ordenaba un periodo de ayuno antes de la Pascua (a veces hasta de una semana) a los catecúmenos y a los penitentes que buscaban la reconciliación con la Iglesia, después de haber confesado ciertos pecados mortales. Durante el Siglo IV se estableció en Roma un periodo de preparación de tres semanas. También hay evidencia de que a mediados del Siglo IV se esperaba de todos los cristianos, un ayuno de penitencia de cuarenta días, imitando los cuarenta días que pasó el Señor en el desierto. De hecho, al principio el periodo de ayuno por razones de penitencia no era de cuarenta días ya que los domingos nunca se consideraron días de ayuno. Las seis semanas de la Cuaresma, que eran por lo tanto treinta y seis días, fueron reconocidos por el Papa San Gregorio y por otros como un “diezmo espiritual”, es decir la décima parte de los 365 días del año. Después de un tiempo se adicionaron los días de la semana anterior (la séptima semana), comenzando con el miércoles. Esto se hizo para ofrecer realmente cuarenta días de ayuno. Las Iglesias orientales que mantienen su antigua costumbre de nunca ayunar durante el sábado y el domingo, comienzan a observar la Cuaresma dos semanas antes.
La naturaleza exacta del ayuno también ha variado ampliamente, pero nunca se ha visto tan disminuida como en la legislación y la práctica de la Iglesia universal contemporánea. Hasta 1996, con los cambios promulgados por el Papa Pablo VI, el ayuno mínimo significó hacer una sola comida entera al día. Después, en muchas áreas y eventualmente a nivel universal, se permitieron hasta dos pequeñas comidas (colaciones, que hasta 1918 se median de manera precisa). Además de una sola comida era común durante algunos tiempos y lugares, abstenerse de todas las carnes rojas al igual que de la leche, los huevos y el queso. Esto último aún sigue siendo la ley de las Iglesias Orientales las que adicionalmente excluyen el pescado durante este tiempo. Sin embargo, siempre han existido las excepciones como por ejemplo, los labriegos, los enfermos y los estudiantes (no fueran a colgarse en sus estudios). Durante algunos tiempos y lugares, la Iglesia Occidental permitía la carne roja durante la única comida, pero no en días asignados (los viernes o el Miércoles de Ceniza). También se esperaban diferentes formas de ayuno y abstinencia durante todos los viernes del año, los días de penitencia (se asignaron 12), el adviento y las vigilias en ciertas fiestas religiosas.
La legislación universal actual como se encuentra en el Código de Derecho Canónico (canon 1250-1253) sigue el espíritu de la constitución apostólica del Papa Pablo VI, el Paenitemini. Hoy, el énfasis se hace en la responsabilidad de cada miembro de la Iglesia de adoptar prácticas penitenciales en su vida, especialmente los viernes del año y durante la Cuaresma. Ahora sólo se consideran días de ayuno y abstinencia (de carnes) el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo para todas las personas (a excepción de los niños y las personas mayores, etc). En la legislación actual, se recomiendan las obras de caridad y oración como una forma de marcar los días de penitencia y las temporadas.
Las conferencias nacionales de los obispos con la autorización de la Santa Sede, tienen la responsabilidad de legislar las prácticas locales (nacionales) relacionadas con la observación de la Cuaresma y los otros días de ayuno y penitencia.
El Padre James F. Garneau, Ph.D. es el Pastor de la Parroquia de St. Mary y de las Misiones en Mount Olive, NC.