La vida religiosa en nuestras propias palabras
Ocho hermanas comparten su perspectiva de 390 años de servicio fiel
El 10 de febrero, la Diócesis de Raleigh hará un reconocimiento a ocho hermanas de diferentes órdenes religiosas, cuyas experiencias acumuladas representan casi cuatro siglos de vida consagrada. En éste su año de jubileo, nos contaron sobre sus comunidades, sus familias y las alegrías que han descubierto en la vida religiosa.
La Hermana Mary Peter Meckel, S.P.- 60 años
La orden a la que pertenezco es la Congregación de las Hermanas de la Providencia de Holyoke, Massachussets. Fue fundada por la Madre Mary of Providence Horan y está basada en la espiritualidad de San Vicente de Paúl. Buscamos revelar en la Iglesia el misterio de la providencia de Dios, llevando la esperanza a los necesitados por medio de los ministerios de la sanación, atendiendo particularmente los lamentos de los pobres y los oprimidos. Comenzamos trabajando con los huérfanos en Holyoke, Massachussets, luego abrimos los comedores comunales y otros servicios para los pobres en Massachussets.
En Carolina del Norte he sido tutora de niños en la escuela elemental, en particular de los niños hispanos en Red Springs. Todos estos ministerios han sido de gran importancia y sacrificio para mí. Mis experiencias en Massachussets me ayudaron con los programas en Red Springs.
Al mirar atrás 60 años, me doy cuenta que lo que me ha sostenido es mi confianza en la Providencia y el apoyo de mi comunidad. Mi traslado a Carolina del Norte enriqueció mi vida, me ha ofrecido nuevas experiencias y oportunidades de conocer y vivir con gente de otras culturas, antecedentes y creencias.
La Hermana Lois MacGillivray, S.N.J.M.-50 años
Pertenezco a la congregación de las Hermanas de los Santos Nombres de Jesús y Maria. La orden fue fundada por la Bendita Marie Rose Durocher. Su lema fue “El desarrollo total de la persona humana.” Lo que me atrajo a esta comunidad fue la educación maravillosa que recibí de las hermanas cuando estaba en la escuela secundaria. También me impactó su vivacidad y su buen humor.
En el transcurso de 50 años he servido en las escuelas de educación elemental, como presidente de una universidad y como investigadora en las Ciencias Sociales. Los años en que fui presidente de la universidad fueron los de mayor reto; es un trabajo de siete días a la semana con múltiples jurisdicciones. Ese papel me enseñó mucho.
La oración y el sentido de dirección de la mano de Dios me han mantenido firme en mi vida religiosa. Estoy agradecida por el apoyo de las otras hermanas que me han ayudado a aprender sobre la vida y la gracia y también por tener una vida que le da un espacio a la oración y a los ministerios constructivos. También por llevar una vida sencilla y conciente por los demás.
La Hermana Shirley Ann Simpson, C.S.C.-50 años
Siento júbilo al celebrar 50 años de vida consagrada y de ministerio y de estar en la Diócesis de Raleigh hace 25 años, en las parroquias de Our Lady of Lourdes y St. Raphael en Raleigh, en St. Stephen en Sanford, en Holy Family y en St. Mary Catholic School en Hillsborough.
Cuando estaba en el sexto grado, la hermana Marie Pierre, I.H.M. quien conocía mi familia desde hacía muchos años, me dijo que ella pensaba que algún día una de las niñas Simpson sería hermana religiosa. Ella plantó la semilla. Las Hermanas de la Santa Cruz fueron mis maestras en la secundaria. Me sentí atraída por la comunidad y me sentí a gusto con su trabajo y con lo que aprendí de ellas.
Comencé mi ministerio como maestra de segundo grado. Desde entonces he preparado cientos de niños para la Primera Comunión como maestra y como Directora Parroquial de Educación Religiosa. Mi ministerio preferido es la preparación para la Eucaristía de los niños un poco mayores. Sus padres se sienten mal porque según ellos “Estamos retrasados en hacer esto.” Me encanta asegurarles que Nuestro Dios nos ama a todos y no le preocupa el tiempo y que siempre nos espera para darnos la bienvenida.
He podido llegar a este jubileo gracias a la seguridad del cuidado continuo de Dios en mi vida, al apoyo de mi comunidad, de la familia y los amigos y la inspiración de las personas que he conocido en el ministerio.
La Hermana Mary Therese Brown, S.N.D. -50 años
Llegué a mi comunidad, las Hermanas de Notre Dame, motivada por el ejemplo que me dieron las hermanas que tuve como maestras, desde la primaria hasta la universidad. Me impactó su focalización en Jesús, su forma de vivir en comunidad, su amor por los demás y su amor por la Virgen María, su esmero en sus enseñanzas y el servicio a los demás.
Desde el llamado inicial y mi respuesta a la vida religiosa, mi vida ha sido enriquecida por la gente que he conocido, con los que he trabajado y a quienes llamo mis amigos. Disfruté la enseñanza en diferentes situaciones: dentro de la ciudad, en los suburbios, en el internado (13 años en Notre Dame Academy en Middleburg, VA) en escuelas de sólo niñas o en escuelas mixtas. También encontré el Ministerio Pastoral como una forma de continuar la catequesis con los adultos. En mi actual ministerio en St. Andrew the Apostle, en Apex, he recibido muchas recompensas, especialmente al acompañar a los nuevos católicos por el proceso de RICA.
Las cosas que me han sostenido en la vida religiosa incluyen el ejemplo de las Hermanas que me enseñaron y luego se convirtieron en mis amigas y consejeras; la oportunidad de crecer espiritualmente y profesionalmente; la oportunidad de compartir el conocimiento y el amor de aprender sobre la fe con cientos de estudiantes; también la oportunidad de compartir las jornadas de fe con los que han encontrado un hogar en la fe católica.
La Hermana Theresine Gildea, C.D.P.-50 años
Mi comunidad, la Congregación de la Divina Providencia fue fundada en Alemania. Nuestro carisma es la confianza y la claridad en la Providencia de Dios y hacerla más visible en nuestro mundo.
La vida religiosa no estaba entre mis planes futuros pero si el matrimonio. Sin embargo por accidente conocí a una Hermana de la comunidad que me contó sobre su trabajo misionero. Siempre me atrajo este tipo de servicio y después de mucha resistencia y negativas como “Creo que no, Señor,” entré a la vida religiosa.
Cada asignación a la que he respondido tiene un lugar especial en mi corazón. El trabajo de 10 años en Puerto Rico colmó mi deseo de trabajar en las misiones. La fe de los pobres fue un don especial para mí. Mi trabajo durante 20 años en el ministerio pastoral en Pittsburg me permitió usar mis habilidades de consejera y sirvió de puente entre el trabajo misionero y pasar a la consejería de la familia, las visitas a los hospitales, buscar alimento para los necesitados y muchas otras bendiciones. Es tan fácil no reconocer el trabajo de misión en nuestro propio país. Trabajar con los hispanos durante los últimos diez años en Carolina del Norte ha sido una bendición.
He sido consejera durante más de treinta años y siento que éste es mi don. Amo a la gente y pongo mi corazón donde esté trabajando en ese momento. Nuestra Madre fundadora nos enseñó que la gente es un don especial que Dios nos da y mi meta es mostrarles la providencia de Dios con compasión, justicia, amor y alegría.
La Hermana Teresa Marry, S.S.L.-50 años
La comunidad religiosa a la que pertenezco, las Hermanas de St. Louis, se fundó en Francia en 1797. Entré a dicha comunidad en Monaghan, Irlanda. Después de profesar mis votos y con mi juventud desbordante me ofrecí de voluntaria para ir a nuestras misiones en África. ¡Pero Dios tenía otro plan para mí y me asignaron venir a California! La mayor parte de mi vida la he dedicado al ministerio de la Educación en las Escuelas Católicas.
En 1992, el Obispo Joseph Gossman les dio la bienvenida a las Hermanas de St. Louis a la Diócesis de Raleigh. Respondí la invitación de mi comunidad me hizo para el ministerio en Ahoskie, NC. Hoy enseño clases para el GED y clases de ESL (Inglés como segunda lengua) en el Community College. También disfruto trabajando en el desarrollo de la fe en mi parroquia y ayudando a los trabajadores inmigrantes del área.
Fue un reto ajustarme a la vida en Ahoskie después de la experiencia en California. La soledad se alivió con el recibimiento cálido y el apoyo de la comunidad parroquial de St. Charles Borromeo. Gradualmente, Ahoskie se ha convertido en mi hogar. En los últimos 50 años, durante los momentos difíciles, me ha sostenido mi pasaje favorito de las Sagradas Escrituras que es el siguiente: Lam.3: 22-23 “El amor de Yavé no se ha acabado, ni se han agotado sus misericordias; se renuevan cada mañana. Si, tu fidelidad es grande.” Creo que Dios me ama incondicionalmente y me acompaña cada paso en el camino.
La Hermana Margaret Holleran, M.S.S.C.-40 años
Las Hermanas Misioneras de San Columbano, conocidas como las Hermanas Columbanas, comenzaron en Irlanda, en 1921. Nuestras co-fundadoras tenían la visión de crear “a un grupo de religiosas y mujeres intrépidas dispuestas a saltar sobre un caballo y galopar cualquier distancia para atender el llamado de un enfermo”. Nuestros ministerios estaban dirigidos a las mujeres, los niños, los marginados y los pobres.
Aunque me di cuenta que Dios me estaba llamando a la vida religiosa, yo era una persona muy independiente y no estaba interesada en la vida de convento, como las hermanas que me enseñaron en la escuela. Luego conocí a una Hermana Columbana que estaba haciendo su doctorado en Londres. Su sencillez y su devoción influyeron en mí profundamente.
He valorado todos los ministerios dentro de la Iglesia y fuera de ella. Ellos me han llevado por diferentes caminos a los misterios de la vida y al corazón de Dios en cada persona que he conocido y he servido. Tengo recuerdos queridos de los muchos años de Formación de Fe en las Filipinas. Los pobres me enseñaron mucho sobre la hospitalidad, la opresión y la esperanza. Hoy, al servir a nuestra comunidad hispana me viene nuevamente a la memoria los males de la pobreza y la explotación. Me inspira su deseo profundo de integrarse a una nueva cultura mientras tratan de mantener lo que es especial y sagrado en la suya. Me inspira su fe en Dios y el amor por nuestra Madre Santísima.
Jesús, El Hombre, su Mensaje y su Palabra son mi pasión e inspiran la búsqueda de Dios en mi vida. Las palabras no pueden expresar mis experiencias de Dios en la gente, especialmente en los hombres y en los eventos diarios de mi vida.
La Hermana Joanna Walsh, F.J.C.-40 años
La comunidad de las Hermanas Fieles Compañeras de Jesús fue fundada en Francia, en 1820, por Marie Madeleine d´Houet y bajo la dirección de los Jesuitas. Ella buscaba mujeres que tuvieran el valor de las santas mujeres del evangelio, compañeras fieles de Jesús hasta el pie de la Cruz. Ella comenzó trabajando con los huérfanos y abrió escuelas para las niñas; también ofreció formación para las jóvenes mujeres que trabajaban en las fábricas. Hoy en día nos encontramos en 15 países diferentes. Nuestra fundación más reciente está en México.
Las Hermanas Fieles Compañeras de Jesús fueron mis maestras desde la primaria hasta la secundaria en el estado de Rhode Island. Mi tía y mis dos hermanas mayores eran miembros de la comunidad. Su vida de oración me atrajo, además de mi deseo de ser maestra. Había cierto misterio en la vida religiosa que me atraía. Me encantaba ir a la Misa y quería acercarme más a Dios.
Vivir en Carolina del Norte me ha enseñado mucho sobre el ecumenismo y la colegiatura
entre diferentes denominaciones. El ministerio en el Campo Universitario me permitió aplicar lo que había aprendido como asistente pastoral de jóvenes adultos que estaban tomando las grandes decisiones sobre sus futuros. La dirección espiritual es ahora el enfoque principal en mi ministerio. Me permite ofrecer hospitalidad a la otra persona, usar mis dones de escuchar con compasión y ayudar a la otra persona a ver sus propias experiencias de vida desde otra perspectiva. Escuchar las historias de las personas, caminar con ellos mientras buscan discernir la guía de Dios en la complejidad de sus vidas: esto es confianza sagrada. El tiempo que paso así con otra persona, profundiza y reta mi propia fe.