Ya que usted lo pregunta...
Ä menudo escucho que las palabras casto y célibe se usan como si fueran lo mismo, pero creo que no lo son. ¿Podrían ustedes explicar la diferencia?
Castidad y celibato no son lo mismo. Si usted es casado usted está llamado a ser casto. Si usted es soltero usted está llamado a ser casto. Si usted es célibe, usted esta llamado a ser casto. La castidad es una virtud que estamos llamados a abrazar. De acuerdo a la Enciclopedia del Catolicismo, la castidad “es la virtud que busca la integración del verdadero significado de la sexualidad humana y la intimidad esté uno casado o no.” El Catecismo de la Iglesia Católica define a la castidad como una virtud dentro del marco que integra nuestra sexualidad, la integración de nuestro cuerpo y nuestra alma. La castidad no es la ausencia de intimidad sexual entre las parejas casadas. La intimidad sexual de la pareja casada es una expresión del verdadero amor que se han prometido.
La castidad es una virtud que con la gracia de Dios uno aprende y debe practicar a lo largo de la vida. La persona humana es un ser corporal y espiritual. La virtud de la castidad involucra la integración de los dones del cuerpo y del espíritu. El Catecismo de la Iglesia Católica dice lo siguiente:
La castidad implica un aprendizaje del dominio de sí, que es una pedagogía de la libertad humana. La alternativa es clara: o el hombre controla sus pasiones y obtiene la paz, o se deja dominar por ellas y se hace desgraciado (cf Si 1, 22). ‘La dignidad del hombre requiere, en efecto, que actúe según una elección consciente y libre, es decir, movido e inducido personalmente desde dentro y no bajo la presión de un ciego impulso interior o de la mera coacción externa. El hombre logra esta dignidad cuando, liberándose de toda esclavitud de las pasiones, persigue su fin en la libre elección del bien y se procura con eficacia y habilidad los medios adecuados’ 2339
Y se debe plantear claramente que es la esclavitud hacia la pasión y no la pasión misma la que es destructiva. Nuestra pasión por la comida, por el amor, por la paz, por la dignidad humana y por la intimidad sexual es buena. Es un don de Dios. Pero es cuando nuestras pasiones se salen de control, que nos roban nuestra intimidad y nuestra libertad. Hay un pasaje importante en uno de los diálogos de Platón, “el Faedro.” En él, Platón describe el alma humana como un cochero que trata de controlar dos caballos. Uno quiere salir corriendo fuera de control. El otro es bueno y afable. El cochero tiene el reto de controlar uno de los caballos y balancear su pasión con el espíritu del caballo más dócil. Cuando los dos trabajan juntos, es cuando el alma humana alcanza su meta. Lo mismo sucede con nuestra sexualidad. Debemos aprender a controlar, no a ahogar ni eliminar nuestra pasión por la satisfacción sexual. Esto lo hacemos escuchando nuestra conciencia, iluminada por la gracia de Dios y las enseñanzas de nuestra Iglesia. De esta manera ocurrirá la integración y conoceremos la libertad que viene de este balance.
El celibato por otro lado significa que un hombre o una mujer, escogen abstenerse del matrimonio y de la actividad sexual. El celibato es un don que Dios nos da libremente, y para poder vivirlo bien, debe aceptarse libremente. La persona que acepta el celibato no renuncia a su sexualidad. Más bien, él o ella la aumentan, la ponen dentro del horizonte de servir a la familia humana. El Catecismo de la Iglesia Católica dice lo siguiente acerca del celibato:
Cristo es el centro de toda vida cristiana. El vínculo con Él, ocupa el primer lugar entre todos los demás vínculos, familiares o sociales. Desde los comienzos de la Iglesia ha habido hombres y mujeres que han renunciado al gran bien del matrimonio para seguir al Cordero dondequiera que vaya, para ocuparse de las cosas del Señor, para tratar de agradarle, para ir al encuentro del Esposo que viene. Cristo mismo invitó a algunos a seguirle en este modo de vida del que Él es el modelo: Hay eunucos que nacieron así del seno materno, y hay eunucos hechos por los hombres, y hay eunucos que se hicieron tales a sí mismos por el Reino de los Cielos. Quien pueda entender, que entienda. 1618
La castidad es “la virtud que busca la integración del verdadero significado de la sexualidad humana y de la intimidad, mientras se esté casado o no.” El celibato es un don de Dios para vivir sin un compañero íntimo y renunciar a la actividad sexual para buscar el Reino de Dios, dedicándose totalmente a la vida de servicio de la familia humana.
Padre David McBriar, O.F.M.