El amor es paciente

El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. El amor no se deleita en la maldad sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor jamás se extingue. (1 Corintios 13:4-8)

Este mes, nos enfocamos en otro fruto del Espíritu Santo: la paciencia. Este regalo, según San Pablo, tiene sus orígenes en el amor. Si nos queremos a nosotros mismos y a los demás como lo enseña el Señor, la paciencia se verá reflejada en todo lo que decimos y hacemos.

Muchas veces, cuando escuchamos la palabra paciencia, pensamos en la necesidad de practicar esta virtud en nuestra relación con otros. Sin embargo, nos vemos imposibilitados a serlo, si no somos pacientes con nosotros mismos. Al momento de darnos cuenta de nuestros fracasos y limitaciones; de reconocer que seguimos cometiendo los mismos errores y al darnos cuenta de todo lo que hemos dejado de hacer, podemos perder la paciencia fácilmente con nosotros mismos, hasta el punto de adoptar una actitud de derrota.

De esta manera, San Francisco De Sales expresó: “Sé paciente con todo el mundo; pero sobre todo, contigo mismo. Que tus imperfecciones y tus miserias no te desanimen nunca, pero ponte manos a la obra de inmediato para remediarlas. Cada día comienza la tarea de nuevo.” Su gran sabiduría nos recuerda que nuestro crecimiento en lo divino es infinito, es un proceso diario; pero esto no depende meramente de nuestra determinación, esfuerzo y voluntad, sino de la gracia de Dios quien nos perdona, fortalece y nos eleva a una nueva vida.

Si perdemos la paciencia, tal vez confiamos demasiado en nosotros mismos y menos en la divina asistencia del Señor. Para que nosotros seamos pacientes con nosotros mismos, debemos confiar cada día de nuestras vidas en el Señor, que con Su gracia nos haga crecer en espíritu y la perfección. Que esta oración de Santa Teresa de Jesús nos ayude en esta tarea:

"Que nada te turbe, que nada te espante.
Todo se pasa. Dios no se muda.
La paciencia todo lo alcanza.
Quien a Dios tiene, nada le falta.
Sólo Dios basta."

Nuestro amor por el prójimo debe reflejar paciencia, y algunas veces, suele ser más fácil ser paciente con los demás que con nuestros seres queridos; esposos, hijos, padres y otros miembros de la familia.

Una vez más, necesitamos la gracia de Dios para mirar a los demás como Él mira, perdonar a los demás de la misma manera que Él lo hace y nos ama. Si vivimos de este modo, la paciencia se verá reflejada en nuestra manera de hablar, en el ánimo que les brindamos a los demás y en la oportunidad de comenzar de nuevo.

La paciencia crea una atmósfera diferente de amor en nuestro hogar y entre nuestro circulo de amistades. Entonces, todos nuestros seres queridos se sentirán tranquilos, nunca sentirán temor de decepcionarnos, tampoco se sentirán agobiados en nuestra compañía, y jamás sentirán temor de ser ellos mismos.

Ellos sentirán nuestro amor y aceptación, incluso, en sus limitaciones y al cometer errores; además, conseguirán apoyo que los ayudará a responder al llamado del Señor en el camino a la virtud y la perfección.

Nuestro amor por Dios debe reflejarse en el amor puro y genuino que sentimos por nosotros mismos y por el prójimo. Este amor es solo posible con la gracia de Dios por la que debemos orar a diario. ¡Este amor es paciente y bondadoso, este amor jamás se extingue!

- Monseñor Michael F. Burbidge, Obispo de Raleigh