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“¿Es bueno redactar un testamento vital?”

Muchas personas creen que pueden controlar su propio destino si redactan un testamento vital o (voluntad anticipada). Quizás, se preocupan por quedarse atrapados en una maraña de tubos, alambres y tecnología, sin poder librarse y desenredarse ellos mismos, con la esperanza de que al firmar en la línea punteada, respirarían sus últimos días “aliviados y en paz”.

En primera instancia, un testamento vital parece la respuesta ideal a nuestras preocupaciones a la hora de la morir y por lo tanto parece una buena idea, pero con frecuencia suele ser un instrumento de doble filo a la hora de decidir durante situaciones difíciles. Además, estos testamentos vitales algunas veces son utilizados para justificar algunas de las decisiones morales más problemáticas que presenta el área de salud hoy en día.

Uno de los problemas que presenta este tipo de testamento, es que suelen estar escritos en un lenguaje muy general e impreciso, insinuando la posibilidad de que todas las opciones de tratamiento contienen la misma equivalencia moral. Una de las opciones de testamento disponibles lleva por nombre “5 deseos”, el cual ofrece al paciente opciones cuestionables y moralmente dudosas, como por ejemplo las siguientes opciones a continuación:

Daño traumático cerebral permanente SIN posibilidad de recuperación:

Si mi doctor lo considera u otro centro de salud consideran que Yo tengo daño traumático cerebral permanente (por ejemplo: abro mis ojos, pero no puedo hablar o entender) y no muestro señales de recuperación, y el tratamiento de reanimación solo retraza la hora de mi fallecimiento (seleccione una de las siguientes opciones):

Solicito un tratamiento de reanimación
No solicito un tratamiento de reanimación. En caso de haberlo iniciado, deseo interrumpirlo.
Solicito un tratamiento de reanimación si mi doctor lo considera necesario. Pero, solicito que mi doctor no me administre el tratamiento de reanimación si mí condición medica o mis síntomas no mejoran.

Las opciones presentadas anteriormente, aunque las presentan como tal, no pueden ser consideradas legítimamente morales para cada caso de daño traumático cerebral permanente, ya que toda persona reacciona diferente. Sin embargo, incluso cuando es probable que cause incapacidad permanente, o disminuya la “calidad de vida”, esto no implica que nosotros siempre tengamos la opción moral de descontinuar la vida. Muchas personas viven comprometidas, con mucho menos de las condiciones ideales, pero son miembros invaluables de nuestras familias y comunidades. Muchos argumentan que el lenguaje de los testamentos vitales tiene el efecto de “facilitar” el camino a la eutanasia o al suicidio asistido por un profesional de la salud.

A menudo, debido a que tienen la libertad de elegir, las personas imaginan que la opción de aceptar o rechazar una determinada intervención médica se puede realizar como en una especie de aspiradora, de tal manera que todas las decisiones son aceptadas de igual manera. No obstante, el hecho de que nosotros tengamos la libertad de tomar nuestras propias decisiones implica que tenemos deberes y obligaciones morales a seguir, y una de ellas es la de asegurar que utilicemos las intervenciones “regulares” o “proporcionadas” necesarias para preservar nuestra vida y salud. En otras palabras, aquellos tratamientos médicos, medicamentos, y procedimientos que nos ofrecen una esperanza razonable de proteger y salvaguardar nuestra vida sin ponerla en peligro, se considera un cuidado regular, y es obligatorio como parte de nuestro deber de defender nuestra vida.

La voluntad anticipada tiene otro defecto que los convierte en un instrumento de doble filo en estas situaciones. Cuando nos sentamos a elaborar un borrador de nuestro testamento, pensamos que podemos predecir o de alguna manera, imaginar como será nuestra condición medica en quizás unos 10 o 20 años después. Esto es sin duda el ejercicio de la especulación y tal vez podamos obtener un mejor precio en el mercado de valores o en Las Vegas que en un ejercicio de esta índole.

Una vez, recuerdo haber escuchado a un hombre que le preguntó a su amigo, quien es un ético católico, que revisara su testamento para asegurarse de que no existiera ningún tipo de conflicto con la buena ética o las enseñazas católicas. El documento contenía 26 páginas, abarcando tantos escenarios como fuera posible. Días después, éste hombre llamó a su amigo para preguntarle si había revisado su testamento vital y el ético respondió que si, pero que tenia un solo comentario al respecto: “¡era demasiado corto!!” El punto de la historia es, aunque elaboremos una preparación exhaustiva de nuestro testamento, no podemos cubrir todas las posibilidades que existen a escala real, y podemos fácilmente pasar por alto una condición o circunstancia que nos pueda ocurrir mas adelante.

Otra historia tiene que ver con un empresario, quien elaboró su testamento vital, indicando que en la eventualidad de sufrir un serio accidente o enfermedad, no requería ninguna asistencia mecánica para respirar, tan solo quería morir. Un día, sufrió un infarto y tenia dificultad para respirar. La ambulancia lo llevo inmediatamente al hospital. En la sala de emergencias, mostraron su testamento vital, el cual lo tenían en los archivos, y le dijeron “Tu voluntad anticipada, estipula que no quieres que hagamos nada”. El empresario enseguida respondió “¡Mira, no me importa lo que escribí allí, no puedo respirar, y quiero que me ayudes ahora mismo!” Nosotros no sabemos con anterioridad en que situación estaremos, o de que manera podemos afrontar decisiones de vida o muerte cuando éstas se presentan.

Existe una posibilidad aún mejor para los cristianos que un testamento vital. Podemos nombrar a una persona sucedánea, quien tomará las decisiones de asistencia médica en tiempo real, en la eventualidad de que nosotros estemos imposibilitados a hacerlo. Dicha persona sucedánea (que también lleva por nombre “poder para asistencia medica”) es alguien que nos ama y tiene la responsabilidad de tomar decisiones razonables de acuerdo con nuestros deseos y con los mejores intereses, espirituales y médicos, en mente. Elaborar una planilla para designar a dicha persona sucedánea, es algo que podemos hacer para tomar las decisiones más acertadas en la eventualidad de una situación difícil de vida o muerte. La elaboración de este documento nos ayuda a discutir este tema tan importante con nuestras familias y seres queridos, de una forma eficaz.

[A continuación, las planillas están disponibles para seleccionar un poder de asistencia médica: click here to view to the "End-of-Life Guide" under the Publications section of The NCBC website - www.ncbcenter.org]

Reverendo Tadeusz Pacholczyk, Dr. obtuvo su doctorado en neurociencia en la Universidad de Yale y obtuvo su postdoctorado en Harvard. Es sacerdote de la Diócesis de Fall River, en MA y sirve como director de Educación en The National Catholic Bioethics Center en philadelfia. Para más información, ingrese a: www.ncbcenter.org