El pueblo del que hablaba Jesús

Maria, Reina de las Américas

La pequeña pero pintoresca iglesia de María, Reina de las Américas, la más reciente parroquia de la Diócesis de Raleigh, es simplemente hermosa. Detrás de la entrada principal de 2 metros de alto, enmarcada en verde, dorado, baldosas azules y de fachada roja, la estructura está dividida en secciones, siendo el techo sobre el altar, la parte más elevada. La edificación fue dedicada en 1999, pero celebró Misa por primera vez, hace diez años para la comunidad Hispana.

El Padre John Williams fue pastor de la Immaculate Conception en Clinton en 1989. Comentó que “la planta procesadora Carolina Turkey estaba reclutando trabajadores de México y Guatemala,” “y aportaron un estacionamiento para remolques para 40 familias, cerca de la planta para sus empleados.” Al principio, el Padre Williams celebraba la Misa en los remolques o al aire libre. En 1992, el gerente general de la planta (cuya tía es monja) otorgó un permiso a la comunidad para utilizar una cabaña de cazador, dentro de las instalaciones durante temporadas de clima inclemente. La edificación todavía existe, y se convertiría en el centro de la misión por siete años. En diciembre de1994, en un articulo del periódico NC Catholic, el Padre Williams describió la primera Misa de Gallo de la comunidad en la Casita: “El lugar estaba sucio y muy desalentador; no se pudo limpiar ni decorar el lugar, luego se perdió una llave y tuvimos un problema de comunicación, el líder que supuestamente estaba encargado de todo, se fue. Cuando yo llegué, la congregación estaba esperando a la intemperie, bajo el frió inclemente. No teníamos nada listo, no había tan siquiera una flor para decorar”

“Una antigua grabadora se atascó sin razón aparente y lamentablemente, esta herramienta para tocar música instrumental de navidad nunca funcionó. Tuvimos muchos problemas para cantar Adeste Fideles en español y una calefacción primitiva de gas jamás encendió.

“Muchas cosas mas de las que podría escribir salieron mal. Entonces, justo antes del sermón, se me ocurrió que los ingredientes de esta improbable situación casi semejaban la natividad de Jesús… en nuestro propio lugar, se nos brindó el privilegio de percibir la pobreza de Belén.”

Sin embargo, todo mejoraría pronto. La hermana Joan Jurski, conjunto con los voluntarios de “Young Neighbors in Action” repararon y pintaron la edificación, que se otorgó a la comunidad, la cual lleva por nombre Posada Gudalupana. En 1999, la nueva iglesia, designada por si arquitectura Mexicana, capta la esencia del espacio sagrado que los inmigrantes están acostumbrados en sus “lugares de origen,” construida en terreno donado por la plata Carolina Turkey. La edificación fue construida por un préstamo y un regalo de la Diócesis, al igual que por regalos de Catholic Extension Society.

El Padre Edgar Sepúlveda, originario de Colombia y previo Vicario Parroquia de St. Mary, Mt Olive, comenzó el ministerio de la Posada hace tres años y se instaló como el primer pastor de la nueva parroquia. El describe a su rebaño como “económicamente pobres, pero ricos en talento, fe y amor por Dios, la Iglesia y el servicio.” La parroquia no tiene personal contratado; desde la limpieza, las reparaciones, cortar el césped, es hecho por los voluntarios.

El Padre Edgar describe el rápido crecimiento de la comunidad de inmigrantes, con los retos de la pastoral y de materiales que implica el crecimiento. La parroquia no tiene casa parroquial, a pesar de haber celebrado más de 40 bodas y más de 100 comuniones al año, no cuenta con un salón. El pastor señala que la construcción es costosa, pero “no me preocupo mucho por eso. Tengo fe que la gente de la Diócesis orará por nosotros y creo que Dios proveerá lo que necesitamos para hacer Su trabajo”

Ese trabajo, de acuerdo con el Padre Edgar, es para ser una comunidad evangelizadora y de apoyo. “Queremos difundir la misión de la renovación carismática, y la alegría del Espíritu Santo a través de la Diócesis. Queremos apoyar a cada uno, material y económicamente, como una familia, en especial desde que muchos de nuestros miembros han sido separado de sus familias en otros países.” Muchas iglesias de otras religiones tratan de llenar este aspecto, ofreciendo comida y asistencia a los inmigrantes, “pero nosotros además tenemos el Pan de la Vida”

El Padre Edgar concluye diciendo: “Pienso que jamás había trabajado ante gente tan humilde y me llena de mucha alegría. Cuando Jesús habló de gente humilde, pienso que se refería a personas como estas.”