Ya que usted lo pregunta...
¿Tengo 15 años y siento que Dios me hizo el llamado al sacerdocio. ¿Cómo se si de verdad es la voluntad de Dios?
Durante mi adolescencia, me di cuenta que la vida era mucho más que el solo hecho de ser aceptado por los demás. De pronto, la oración me llevó más cerca de Dios y me llenó de paz interior. Sin embargo, me dio temor pensar que Dios posiblemente me estaba llamando a ser sacerdote; tenía miedo de perder muchas experiencias en la vida, de renunciar al matrimonio y de tener hijos, además de sentir el rechazo por parte de mis compañeros. ¿Será posible obtener vida eterna y paz con tan solo practicar los mandamientos? ¿Será que tengo que abandonar mi vida por Jesús para encontrar mi propia vida? ¿Será que en realidad tengo que entregarle a Jesús mi voluntad, mis sueños, mi todo?
La fe es necesaria para escuchar y responder al llamado, es un regalo de Dios y siempre debemos orar para recibirlo: “Señor, yo creo en ti” A pesar de que me considero un hombre de fe porque estoy constantemente en oración, me di cuenta que necesito de una gran fe para responder a la voluntad del Señor. El habla directamente con nosotros, nos llama por nombre desde el vientre de nuestra madre, sin embargo, el mensaje del Señor puede ser silenciado por el miedo o ensordecido por la preocupación de este mundo. Tal vez, tenemos que escudriñar una plétora de emociones y motivación para aclarar el mensaje de Dios. Afortunadamente, Dios nos envió a otras personas que nos pueden ayudar con esta misión. De esta manera, sugiero cuatro pasos a seguir para determinar si el Señor realmente les está haciendo el llamado al sacerdocio:
1. Oración: Una vida bajo constante oración es esencial para discernir la voluntad del Señor. La oración es más que decirle a Dios lo que queremos o sentimos, es la decisión del Señor: Oramos mejor cuando permitimos que Jesús esté presente en nuestra oración y presente su amor y voluntad hacia nosotros. Jesús nos habla donde quiera que estemos, localizando nuestras dudas y miedos. Si oramos, Él nos brinda su amor incondicional que nos libera de temores, inculcándonos el regalo de la fe. Por medio de la oración aprendemos a decir con convicción “hágase su voluntad,” por esta razón, recomiendo que oren frente a nuestro Señor Eucarístico en el Sagrado Sacramento para recibir su gracia y misericordia en los sacramentos. Recomiendo que oren con la Palabra viva del Señor en las Escrituras. Finalmente, recomiendo que se acerquen a María en oración, porque ella es nuestro modelo y nos ayuda a realizar la voluntad de Su hijo.
2. Cuestionamiento y recolección de datos: Dios nos dio una razón, por eso debemos hacer preguntas sobre el significado de ser sacerdote, diácono, religioso consagrado, laico u hombre y mujer de hogar. Hay mucho material vocacional disponible y oportunidades para observar la vida del sacerdote o religioso. Los directores de vocación están dedicados a responder todas las preguntas y ayudarlos a recolectar información. Además, pueden pedir la opinión de conocidos a quienes les puedan confiar objetivamente acerca de sus regalos. Muchos han experimentado su vocación de cierta forma atraídos por el carisma de santos como San Francisco de Asís o San Ignacio de Loyola. Sin embargo, no basta sentirse atraídos por cierta carisma o razonamiento de la que pensamos pueda ser el estilo de vida mas adecuado, lo que necesitamos discernir son los impulsos de nuestra alma.
3. Discernimiento: Jesús realizó un llamado a los hombres y mujeres, incluso a los más pecadores a ser sacerdotes y religiosos. El apóstol San Pedro una vez le dijo a Jesús, después de presenciar una pesca milagrosa: “— ¡Apártate de mí, Señor; soy un pecador! Pero Jesús le respondió —No temas; desde ahora serás pescador de hombres — Al igual que el apóstol San Pedro, nuestro razonamiento nos indica que no somos los más adecuados para atender al llamado, ni siquiera de orar por un servicio basado en el temor, pero es esencial que establezcamos la diferencia entre la fe y el razonamiento. San Ignacio de Loyola, un maestro en el arte del discernimiento, desarrolló unas reglas y ejercicios espirituales para ayudar a evitar que hombres y mujeres escojan una vida basada en la confusión. Para los que están en el proceso de discernir su vocación, les recomiendo que consulten con un director espiritual con experiencia en los ejercicios espirituales de San Ignacio o con algún maestro de la oración contemplativa.
4. Confirmar las señales: El discernimiento es continuo. Recientemente, conocí a una persona que pensó haber escuchado el llamado al sacerdocio, pero se preguntó si seria mejor vivir la experiencia universitaria primero antes de entrar al seminario. Le respondí que es mucho mejor que atendiera al llamado en un seminario donde su objetivo primordial está enfocado en el sacerdocio, en vez de estar en un lugar que no le ofrezca experiencia en la formación. El seminario, noviciado o periodo de compromiso está diseñado para ayudar en el proceso de confirmación si el deseo de cada quien proviene del Señor. Entrar en un seminario o ser postulado en un orden religioso requiere de motivación propia, pero no de absoluta claridad. Dentro de este ambiente, la Iglesia lo ayudará a confirmar la validez de su vocación.
Con respecto a mi temor por la vocación, quise que Dios pasara sobre mí y le hiciera el llamado a otra persona. Hoy en día, 11 años después de mi ordenación, le doy Gracias al Señor por mi vocación de sacerdote; que no solo me llamó al sacerdocio, sino que además me dio el regalo de aceptar el llamado. No pude aceptar este regalo por mí propia cuenta, la gracia de Dios estuvo presente conmigo siempre y Él me dio la fe y la confianza de Su amor por mí.
Que la Madre María de Dios, el primer discípulo de su Hijo y la hija piadosa de Israel, los ayude en el discernimiento de vocación.
El Padre Ned Shlesinger es Director de Vocación de la Diócesis de Raleigh.