¡Muchas gracias Hermanas!

¡Por 7 años de mi vida sacerdotal viví con 80 mujeres! Durante esos dichosos años serví como Capellán en el hogar de las hermanas de la caridad y tuve el privilegio de celebrar la Misa de las 6:30 de la mañana todos los días en esa maravillosa capilla. Las hermanas fueron mi fuente de inspiración al verlas cada mañana cumplir con el servicio de la iglesia en los diferentes ministerios como el de salud, educación, servicio social, entre otros.

Mi apreciación y respeto hacia las religiosas comenzó a temprana edad mientras cursaba el primer grado en la escuela. Las Hermanas Siervas del Inmaculado Corazón de María me educaron en colegio, en la secundaria e incluso en la universidad, puesto que ellas siempre han sido reconocidas por su profundo compromiso en la educación Católica. El día de mi ordenación como Obispo de Raleigh, me sentí muy orgulloso de contar con la presencia de las Hermanas que influenciaron considerablemente mi vida de sacerdote. Además, una de las Hermanas es la tía de un buen amigo sacerdote y es un honor para mí referirme a ella de la misma manera “tía.”

Es una dicha para mí recibir a las Hermanas Siervas del Inmaculado Corazón de María en la Diócesis de Raleigh. La Diócesis recuerda con cariño a la congregación que sirvió en la escuela de la Catedral durante los años 1970 y 1980. El año pasado, hablé con el Superior General para mencionarle el gran potencial de vocaciones y las incontables oportunidades para las Religiosas; le pedí que considerara asignar a alguna de las hermanas a la Diócesis de Raleigh y cinco hermanas fueron asignadas en las áreas de Catecismo y evangelización, educación católica, trabajo social y en el ministerio hispano. Estoy muy agradecido con la Congregación por enviar a cinco dedicadas y entusiastas Hermanas porque sé que serán una gran bendición para el pueblo y para nuestra Diócesis. También quisiera extender mi agradecimiento al Padre Forbes y a los feligreses de Our Lady of Lourdes por brindarles un hogar y tan calurosa bienvenida a las Hermanas.

Además, aprovecho ésta maravillosa oportunidad para expresar mi agradecimiento en nombre de la Diócesis a todas las Hermanas de nuestra comunidad y a sus congregaciones por brindarnos su apoyo. Siento gran admiración e inspiración por su incondicional servicio por el Señor y por Su pueblo. Oremos por la gran labor que realizan y para las mujeres de la Diócesis de Raleigh escuchen el llamado del Señor y así dediquen sus vidas al servicio de la Iglesia como devotas religiosas, manteniendo siempre la promesa de humildad, castidad y obediencia.

¡María, madre de la iglesia, ora por nosotros!

-- Excelentisimo Señor Michael. F. Burbidge, Obispo de Raleigh