Tiempo de Cuaresma
Durante este tiempo la Iglesia nos recuerda que la Cuaresma no es solamente un tiempo de sufrimiento y de carencias, sino un tiempo de gracia para poder descubrir el gran amor de Dios por todos nosotros que nos llama a regresar a su casa, a seguir a su Hijo con nuestras vidas y a vivir en su Espíritu para vivir la conversión del Corazón. Por eso decimos que la Cuaresma es:
Tiempo de amor que requiere examen de los olvidos que hemos tenido para con Dios y con el prójimo, de las ofensas que hemos cometido, de los malos pensamientos y malas actitudes que hemos tenido para con los otros.
Tiempo de prueba para medir los apegos que llenan nuestra vida diaria, alejándonos de lo bueno, lo justo y lo verdadero, pero especialmente de Dios. De los días que hemos llenado de nuestros egoísmos, de las obras buenas que hemos dejado de hacer por nuestras perezas, envidias y rencores.
Tiempo de oración para regresar de nuevo a escuchar la voz de Dios en nuestro interior, para comprender su historia, su amor y su misterio Pascual, para acompañarlo en el camino al calvario y a la cruz, para transformar con su resurrección nuestra vida. Para entender por qué Jesús sigue muriendo hoy azotado en una cruz a causa de nuestro pecado, nuestras indiferencias y nuestra falta de compromiso.
Tiempo para practicar la caridad con lo que tenemos, con lo que sabemos y con lo que hacemos en nuestra vida. Porque no solo es compartir nuestro dinero, sino que allí donde trabajamos, donde estudiamos y en el hogar que tenemos, estamos llamados a mejorar, dando signos del amor de Dios a nuestros semejantes.
Tiempo de vivir nuestras Eucaristías dominicales con la alegría de estar unidos en comunidad, con el compromiso de escuchar la Palabra de Dios, renovando nuestro compromiso bautismal y alimentándonos de su manjar celestial: la Sagrada Comunión.
Todo este tiempo tiene sentido, si vivimos en el amor de Dios y si dejamos que ese mismo amor transforme nuestras vidas. Vivamos este tiempo como una invitación de Dios y como una respuesta agradecida.
- Padre Fernando Torres