Conozca a los nuevos sacerdotes de la Diócesis de Raleigh
Dos hombres, dos países, dos caminos con el mismo fin
Por Dana Lorelle
A primera vista, los Padres Michael Spurr y Romen Acero no tienen mucho en común; uno proviene de la región central del país, y el otro de Bogota, Colombia. Aunque hablen diferentes idiomas y tengan culturas diferentes, la Iglesia Católica mantiene su identidad a pesar de las diferencias geográficas y de lenguaje. A partir del 7 de junio, estos dos hombres recibirán algo extraordinario y compartirán un elemento en común, el Sacramento del Orden Sacerdotal.
El Padre Romen Acero
El Padre Romen Alfredo Acero Molina sueña con ser como el párroco de su comunidad cuando era niño –El párroco y las monjas jugaron un papel muy importante en mi proceso de discernimiento. La manera en que se desempeñaron en el ministerio de mi parroquia dejó una huella en mi vida religiosa, pero fue la gracia de Dios y más la ayuda de mi párroco y de las monjas por tan maravilloso ejemplo de guiarme con amor por el camino de la Iglesia. Sus padres también fueron pieza clave en su formación a la vocación del sacerdocio. –Mi madre fue una gran influencia para mí porque me enseño a ser un buen católico. –Agregó –Mis padres fueron maravillosos y nos enseñaron a cuidar de nuestro prójimo.
Acero tiene tres hermanos menores de los cuales todavía viven en Bogotá, al igual que su madre y su padre, falleció hace nueve años. Desde muy joven, estuvo siempre muy dispuesto con los asuntos de la parroquia, participó en el grupo juvenil y sirvió como catequista; dichas actividades lo ayudaron a mantener su fe cuando muchos a su alrededor carecían de ésta. La primera vez que escuchó el llamado de Dios, tenia tan solo 14 años y al pasar de los años, se mantuvo muy interesado en los asuntos de la Iglesia y después del bachillerato, atendió el seminario en Bogotá por dos años y luego enseño filosofía en una escuela Católica.
-Todas esas experiencias me ayudaron a descubrir que Dios me llama a servir en la Iglesia siendo sacerdote. –comenta.
Sin embargo, no fue hasta años después que un amigo, el Padre Fernando Torres, le propuso la idea de ser sacerdote en los Estados Unidos en la Diócesis de Raleigh y Acero realizó una serie de entrevistas con el Padre Torres, el Vicario Diocesano del Ministerio Hispano y el Monseñor Michael Clay, director diocesano de vocaciones en aquel entonces.
En el 2002, el Padre Acero ingresó en el Seminario de St. Mary en Baltimore, Maryland, donde trabajó en parroquias con el programa RICA y el ministerio de los enfermos. El verano pasado, al igual que Spurr, fue ordenado al diaconato, a lo que él se refiere como uno de los mejores días de su vida –Fue el mejor día de mi vida –comentó –porque fue la confirmación de mi vocación y mis mejores amigos compartieron ese momento conmigo. Desde aquel entonces, trabajó los fines de semana en una parroquia cerca del seminario como diácono durante la Misa.
Además de su vida religiosa, Acero disfruta escribir poemas, de la natación y del baile. Entre sus facultades como sacerdote comenta –soy humilde, amigable y muy sensible con respecto a las necesidades de la gente, amo a la Iglesia y estoy conciente de los desafíos que enfrenta la Iglesia en Carolina del Norte. Uno de los grandes retos que él considera enfrenta la iglesia en este Estado es como se dirige a la creciente población Hispana y le gustaría conseguir una forma de unificar a ambas comunidades en la Diócesis –Somos una sola comunidad –comenta –Todos pertenecemos a una misma Iglesia y espero que yo pueda servir de enlace para unir a ambas comunidades. -Otro asunto que enfrenta la Iglesia y la sociedad Norteamericana es la Inmigración.
Para los jóvenes que están en el proceso de discernimiento, el Padre Acero les sugiere: –Les sugiero que confíen en Dios, aunque tengan miedo, dudas o dificultades, Dios realiza el llamado y Él los conoce. El Padre Acero comenzó su ministerio como Vicario Parroquial de la comunidad de Saint Thomas More en Chapel Hill.
El Padre Michael Spurr
El catolicismo comenzó desde la infancia del Padre Michael Spurr y sus hermanos en Clinton Iowa por la confesión, los días santos y el Víacrucis durante la Semana Santa. A pesar de su formación católica, durante sus años universitarios, Spurr se alejó de su fe y durante siete años de su vida activa en la Naval y otros más como líder de proyecto de una compañía de telecomunicaciones, esa formación comenzó a deteriorarse –Estaba muy bien a los ojos del mundo, pero al final del día sentía ese vacío por dentro porque no le daba lugar a Dios.
Cuando Spurr se mudó a Raleigh, se propuso a buscar la Iglesia Católica más cercana y casi al instante, el vacío desapareció –Todo floreció desde aquel entonces –comentó. Poco después conoció al párroco de otra iglesia cercana (St. Luke) en Raleigh y al tiempo se cambio de parroquia. El Padre David Brockman percibió en él un gran potencial para la vocación y agregó su nombre a la lista de oración de su parroquia. Durante el proceso de discernimiento del llamado de Dios, Spurr estaba seguro de algo, estaba dispuesto a ayudar a los jóvenes a apreciar la fe, es entonces cuando se dedica activamente a trabajar en la pastoral juvenil de St. Luke. -Al darme cuenta de la satisfacción que sentí al regresar a la Misa, pensé que nadie debería sentir ese vacío y si pudiera ayudar a por lo menos uno de estos muchachos a no sentir ese vacío, seria todo un éxito. –comentó.
La idea de la vocación al sacerdocio continuó, incluso cuando evaluaba a otros posibles seminaristas. Luego realizó varios viajes a St. Mary en Baltimore, pero no se terminaba de convencer del todo por el sacerdocio. No obstante, en el funeral de un joven muchacho, le hizo darse cuenta que su vida le pertenecía a Dios y preguntó: ¿Qué quieres de mí Señor y cómo puedo responder a ese llamado? La reducción de personal en su compañía le permitió por primera vez responder a esa pregunta inicial y en vez de buscar otro trabajo, Spurr se dedicó a la oración; consiguió un consejero espiritual y asistió a Misa a diario. Un día, mientras leía un libro en la mesa de la cocina –todo se tornó blanco.
La gracia era tan espesa que podía sentirla. –Dios apareció en mi corazón y dijo “Se mí sacerdote” a la que respondí – ¡Tú ganas! No pienso pelear mas contra tu voluntad. Al día siguiente llamó a la Diócesis y en el 2002, ingresó en el Theological College de Washington DC.
Para él no ha sido un viaje sin pruebas difíciles; puesto que recientemente sufrió el fallecimiento de su padre y de su hermana menor, al igual que la fatiga y el cansancio que conlleva sacrificar su propia voluntad por el trabajo de Dios. Ese ímpetu lo utilizó para ayudar en la cocina de misiones caritativas y a enfermos con SIDA. Además, enseña clases de confirmacion y visita a los enfermos de WakeMed en Raleigh. –Ha sigo y seguirá siendo un privilegio servir –comenta.
En conjunto con su experiencia en el mundo laboral, el Padre Spurr espera que su extrovertida personalidad atraiga a muchas más personas. En sus tiempos libres, disfruta de una buena lectura, de la música clásica, de hacer ejercicios (en especial del Golf), viajar y disfrutar de actividades al aire libre. –Quiero que el pueblo sepa que estoy muy agradecido por todo su amor, apoyo y oración que he recibido en los últimos años. Es un símbolo de humildad. El Padre Spurr comenzó su ministerio como Vicario Parroquial de la comunidad de Saint Michael the Archangel en Cary.