Reporte especial de inmigración

por Douglas Culp

Donald Kerwin, Director Ejecutivo de Catholic Legal Immigration Network, Inc (CLINIC por sus siglas en inglés), consejero del comité de inmigración de la USCCB, Non-Resident Fellow at the Migration Policy Institute, y el Associate Fellow en el Woodstock Theological Center se reunieron con la revista FAITH para discutir los asuntos de inmigración en los Estados Unidos.

¿Han cambiado las causas de la inmigración en estos años? ¿Cuáles son las principales causas hoy en día?

Sí y no. En general, la desesperación económica los motiva a buscar una mejor vida para ellos y para sus familias, la necesidad de escapar a la persecución o de pedir asilo político siguen siendo las causas primordiales en todos estos años, por ejemplo: la Iglesia Católica ha ayudado con la ubicación de por lo menos 900.000 refugiados desde la caída de Saigon.

Hoy en día, la economía estadounidense también contribuye de gran manera a la inmigración. La realidad es que un 16% de la mano de obra está compuesta por inmigrantes (de los cuales un 5% de estos trabajadores son indocumentados) Ambas industrias, como la tecnológica en Silicon Valley, y la agrícola, etc., dependen de la mano de obra de los inmigrantes, incluso, la mayoría de los expertos reconoce que éstas industrias podrían colapsar sin la ayuda de ellos.

Este problema afecta a comunidades enteras, en especial, la rural y las comunidades aledañas a las ciudades las cual han sido revitalizadas por los inmigrantes, tal es el caso de Iowa, una de las áreas cuyo crecimiento demográfico es mayor a los 100 años o más y su economía enfrenta una reducción de más de 300.000 trabajadores de acuerdo al gobernador anterior.

Según proyecciones del presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, alrededor de 78 millones de personas nacidas después de la Segunda Guerra Mundial, quienes están pronto a jubilarse en los próximos años, éste país necesitará de la ayuda de 3.5 millones de nuevos trabajadores al año para reemplázalos. ¿De dónde vendrán estos trabajadores? Solo hay dos opciones: de los trabajadores inmigrantes a los Estados Unidos y de los ciudadanos estadounidenses que trabajan mucho más del tiempo de jubilación reglamentario.

¿De qué forma ha influenciado NAFTA y la globalización en la inmigración hacia los Estados Unidos?

El Tratado de Libre Comercio de América del Norte TLCAN conocido también por TLC o NAFTA (por sus siglas en inglés North American Free Trade Agreement) es una de las causas de inmigración que difiere del pasado, porque tenemos un orden económico que reconoce el derecho de obtener productos y servicios de otras fronteras, más no le da el derecho a las personas de cruzar la frontera gracias a este movimiento de productos y servicios.

12 años después de la creación del TLCAN, dos millones de mexicanos en el sector agrícola perdieron sus trabajos en parte por el subsidio en las exportaciones de Estados Unidos. Pero, ¿a dónde se fueron? Algunos se unieron a la cadena de trabajadores “ilegales” en los Estados Unidos; otras victimas de este proceso son los trabajadores de prendas de vestir de El Paso, quienes perdieron sus trabajos cuando las fábricas se mudaron a México. El punto es, que somos testigos de la inmensa oleada de desplazados, pero nuestras leyes y las políticas de inmigración no reflejan esta realidad.

¿Qué tanto influye, la raza y la religión en el público con respecto a la inmigración?

Hay una creciente cantidad de personas en el país que cree que la raza, la religión, la cultura y el país de origen son relevantes. En el pasado, ser estadounidense significaba ser parte de un país conformado en su mayoría por inmigrantes comprometidos por valores cívicos similares como el de la democracia, la igualdad, los derechos y las oportunidades; significaba ser fiel al país, apoyando valores cívicos comunes y a las instituciones.

Ahora existe un movimiento que está de acuerdo en que esto no significa ser estadounidense porque para este grupo, los estadounidenses son un grupo separado de personas conectadas por atributos en común, a pesar de que los que proponen este punto de vista, tratan de no describir mucho estos atributos porque sonaría un poco antiestadounidense. Sin embargo, la cultura occidental, la raza, la religión y el origen son candidatos.

En mi opinión, no creo que este punto de vista motive a la gente con respecto a este asunto de inmigración, en su lugar, pienso que la situación económica de cada persona y el sentimiento de desplazamiento juega un papel importante. La incertidumbre económica mezclada con sentimientos de que la comunidad se hace cada vez más irreconocible, contribuye a la creación de ese sentimiento antiemigrante.

Es interesante acotar que la gran mayoría de los recursos están dirigidos a la frontera de Estados Unidos y México y no a la frontera con Canadá, en especial cuando sabemos que la mayoría de los terroristas han entrado a este país por Canadá.

Muchos han cuestionado la postura de la Iglesia con respecto a la inmigración y la consideran en contra de los intereses de los Estados Unidos, particularmente, en términos de soberanía nacional y los derechos subsecuentes a la regulación de las fronteras. ¿Es está critica legitima? ¿Cómo podemos entender la postura de la Iglesia?

No, no es una crítica legítima. Hoy en día, escuchamos todo tipo de falsedades intentando teñir la postura de la Iglesia de antiestadounidense e interesada con respecto a los inmigrantes indocumentados diciendo: “La Iglesia busca hacer dinero con los indocumentados para distraer al público sobre los escándalos de abuso sexual, y para incrementar a sus seguidores.” No obstante, estas calumnias no serian toleradas si fueran dirigidas a cualquier otro grupo.

La Iglesia ha reconocido en repetidas oportunidades el derecho de un país de controlar sus fronteras y el de regular la inmigración. Sin embargo, esto debe ser tratado bajo la rubrica de la promoción del bien común, la razón primordial de la existencia de un país en primer lugar.

En general, el apoyo de la Iglesia está a favor del ser humano y de la aplicación del orden y es por ello que los Obispos de los Estados Unidos han argumentado por algún tiempo, el asunto de la inmigración. Todos los días, muchas personas mueren en la frontera, las familias son separadas, y los trabajadores son explotados. Un orden humanitario y eficaz es aquel que por ejemplo, evite muertes al cruzar la frontera, limite la detención de personas que presentan un riesgo y se evite la política de deportación que resulte en la destrucción de familias estadounidenses.

Para la Iglesia, no existe conflicto entre el buen común y el derecho otorgado por Dios. Por ejemplo, si una persona es perseguida y no tiene otro recurso más que dejar su país de origen, esta persona tiene el derecho y el deber de irse, y apelar a un estado soberano en estas circunstancias es difícil porque la soberanía trata de identificar la responsabilidad del estado para promover los derechos y el bien común.

En resumen, el estado puede regular la inmigración y mantener fuera a todo aquel que no tenga que entrar, pero aquellos que están tratando de mantener a sus familias, escapando a la persecución y ejercitando el derecho otorgado por Dios, deben ser admitidos y bienvenidos.

Siempre escuchamos sobre el impacto negativo que generan en la economía los indocumentados: en los impuestos, en los servicios sociales, etc.

¿Qué tan cierto es todo esto?

Cada vez que escucho que los inmigrantes no pagan impuestos, lo cual es casi siempre, les hago la siguiente pregunta a las personas que hacen dicha afirmación: ¿alguna vez ha visto si un cajero de algún mercado se niegue a recibir el impuesto del valor de los alimentos, al saber que esa persona es indocumentada? La verdad es que todo el mundo paga impuestos y la mayoría de los indocumentados pagan impuesto sobre la renta.

En el 2005, el Seguro Social estimó que tiene $580 billones de dólares en una cuenta de fondos suspendidos, dinero que no puede ser identificado a ningún portador del número de seguro social. Este dinero proviene de trabajadores indocumentados que jamás recibirán los beneficios de su trabajo.

Hace 10 años, el Research Council of the National Academy of Science publicó un reporte estimando que los inmigrantes indocumentados y sus hijos pagaran $80.00 dólares más en impuestos a lo largo de sus vidas y jamás recibirán nada de esos beneficios. Así que el problema no está en si los inmigrantes pagan los impuestos o no, el problema está en que la mayoría de esos impuestos provenientes de este grupo es destinado al gobierno federal, pero los estados llevan la carga de brindar educación y salud. Así que mientras el gobierno federal recibe un excedente, el estado y el gobierno local experimenta perdidas. La cuestión recae en cómo debemos compartir estos recursos equitativamente.

¿Le gustaría compartir algo más con nuestros lectores sobre inmigración?

Nos enfrentamos a un problema bastante complejo que requiere de una solución global. La iglesia enseña que el pueblo tiene el derecho a emigrar, lo que significa buscar una solución a la pobreza, y al desarrollo económico global y no tratarlo solo como un problema local. Sin embargo, no podemos ignorar que hay gente real atrapada en esta realidad en estos momentos. ¿Cómo podemos encontrar una solución a este problema reflejando nuestros valores religiosos y cívicos?

En este momento histórico, muchos tienen la visión de un país que no reconoce la contribución que realizan los 12 millones de inmigrantes y los clasifican como “ilegales forajidos,” pero la gente no puede ser ilegal en nuestra tradición como tampoco se puede considerar a un niño de ilegitimo porque todos somos hijos de Dios. Estas etiquetas despectivas previenen realizar políticas humanistas, además de culpar a todos los “ilegales” por lo que pasa en el sistema médico, en el trabajo y hasta de las ratas que hay en nuestras escuelas públicas.

Sin embargo, yo no creo que este sentimiento prevalezca; nosotros somos buenas personas que reconocemos la dignidad que Dios les dio, aceptando a los inmigrantes como personas y apoyando las políticas humanitarias de inmigración. No estamos contentos al ver como separan a familias y como mueren sin necesidad. Estoy seguro que algún día, tendremos políticas más aptas a nuestros valores y a nuestra herencia.