El cuadragésimo aniversario de la ordenación del Obispo Gossman
Al recibir la noticia de mi nombramiento como Obispo de Raleigh por el Santo Padre en el 2006, inmediatamente llamé al Obispo Gossman, quien se alegró mucho por la noticia, y me ofreció todo su apoyo incondicional. Esas palabras significaron mucho para mí.
El día de mi nombramiento oficial a la prensa, el Obispo Gossman y yo aparecimos por primera vez en público. Las preguntas que nos realizaron, aunque respetuosas, reflejaban la intención de enfatizar las diferencias entre ambos. En realidad no hay nada de malo en recalcar las diferencias de cada uno, porque todos tenemos dones diferentes para servir al Señor, desde el momento en que Jesús realizó el llamado a sus primeros discípulos. Sin embargo, el Obispo Gossman y yo, enfatizamos nuestras similitudes ya que compartimos un profundo amor por el Señor y Su iglesia para servir a Su Pueblo.
Nosotros creemos con firmeza que el Señor nos envía y nos sustenta; esa verdad se expresa claramente en el Concilio del Vaticano II: “Los Obispos, como sucesores de los apóstoles, reciban del Señor, el todopoderoso del cielo y la tierra, la misión de enseñar a todas las naciones y de predicar el Evangelio a todas las criaturas…. Para satisfacer la misión, que Cristo nuestro Señor prometió al Espíritu Santo” (Lumen Gentium, 24). En el 2006, el Papa Benedicto XVI recalcó que en Su nombre todo es posible: A través de sucesiones apostólicas, es Cristo quien nos ayuda. En palabras de los Apóstoles y sus sucesores, es Él quien nos habla por medio de sus manos, es Él quien actúa en los Sacramentos, es Su mirar que nos abarca y nos hace sentir amados y recibidos en el corazón de Dios. Incluso hoy en día, como lo fue al comienzo de los tiempos Cristo es el verdadero Pastor y Guardián de nuestras almas, al cual seguimos con confianza, gratitud y dicha.
En el discurso de nuestro Santo Padre a los Obispos durante su visitas pastoral a los Estados Unidos, el Obispo Gossman y yo tuvimos el privilegio de sentarnos uno al lado del otro para escuchar las palabras del Papa Benedicto: “A cualquier hora y en cualquier lugar la Iglesia hace un llamado a la unidad a través de la constante conversión a Cristo, cuya salvación es proclamada por los Sucesores de los Apóstoles en celebración de los Sacramentos. Esta unidad, en cambio, incrementa el trabaja misionero cuando el Espíritu estimula a los creyentes para que proclamen la gran obra de Dios.” Es mi esperanza que todos en nuestra Diócesis reconozcamos y celebremos la unidad que el Obispo Gossman y yo compartimos con nuestros hermanos obispos al igual que la unidad esa unidad que tenemos como hermanos y hermanos en Cristo como miembros de la Sagrada Familia de Dios.
Además del constante apoyo y sabio consejo del Obispo Gossman, estoy muy agradecido por su extraordinario ejemplo. Su lema episcopal de “Servir y no ser servido” ha sido puesto en manifiesto no solo a lo largo de sus años como Obispo, sino también a lo largo de todo su sacerdocio. Me siento inspirado por su gran compromiso a la oración, su humildad, simplicidad y por su generoso servicio. En estos dos años, he llegado a conocerlo, al igual que ustedes lo han hecho en todos estos años, como un gentil, querido y sabio pastor.
Es un don especial para nuestra Diócesis y toda la Iglesia la celebración del cuadragésimo aniversario de la ordenación del Obispo Gossman. Es un momento especial para agradecer a Dios por las bendiciones que el ha derramado sobre el Obispo Gossman durante todos estos años, al permitirle servir en la Diócesis de Raleigh por 31 años y por darle la fuerza y la gracia de continuar al servicio de todos. Celebramos la dedicación del Obispo Gossman y también renovemos nuestra promesa a la vocación que Dios nos ha encomendado. Nos unimos para expresar nuestros mejores deseos al Obispo Gossman y oremos por la intercesión de María y con la gracia de Dios, él continuará imitando a Jesucristo, nuestro fiel Pastor y Guardián. ¡Reciba nuestras más sinceras felicitaciones y que Dios lo bendiga siempre!
-- Excelentisimo Señor Michael. F. Burbidge, Obispo de Raleigh