Llamados a evangelizar

Dios ha llamado a su pueblo para proclamar la Buena Nueva a toda la creación, en todos los tiempos y en todas las culturas. Lo hizo a través de San Pablo en su tiempo y en su mundo llegando a diferentes lugares creando nuevas comunidades de fe que dieron respuestas de conversión, de solidaridad y de fe.

Los misioneros de todos los tiempos han llegado a los lugares más alejados de nuestro planeta, plantando la fe, transformando las culturas y creando en las personas no solo el sentido de participar de un solo pueblo sino también de responder al mismo Dios.

Los bautizados estamos llamados hoy a participar de la Iglesia católica con la misma consciencia de San Pablo y de los misioneros de todas las épocas en unión con todas las personas responsables de la Iglesia. Seguimos teniendo pertenencia en el pueblo de Dios, seguimos siendo animados por el Espíritu Divino, seguimos siendo llamados a vivir como comunidad y hoy más que nunca, seguimos siendo invitados a ser ciudadanos del Reino de Dios, sirviendo en la caridad y participando en la celebración del Misterio Redentor de Cristo.

Por eso el encuentro de los jóvenes en Australia en los meses pasados, fue un llamado a la evangelización, el llamado urgente a los matrimonios a ser la primera Iglesia evangelizadora, donde se respete la vida, se consagre el amor y se crezca en los valores morales y religiosos.

La tarea de la Iglesia continúa en la catequesis de los niños, jóvenes y adultos que se acercan a las parroquias en busca de los sacramentos, de una formación continua de la fe y en busca del sentido de su vocación cristiana, para ser parte de la Iglesia, para vivir su espíritu de misioneros, testigos y colaboradores de la construcción del Reino de Dios.

Hoy se hace urgente la llamada a la Evangelización no solo para recordar el pasado, sino para hacer de nuestro presente la obra y la respuesta al Dios que nos llama a conocer y vivir su verdad, a construir su reino en el amor y la solidaridad y ha fortalecer el corazón de todos los fieles en la fe.

- Padre Fernando Torres