Pensando en los Absolutos Morales
Cuando el Papa Benedicto XVI visitó Estados Unidos en abril de 2008, tuve la oportunidad de asistir a la ceremonia inicial en el Jardín Sur de la Casa Blanca. Mientras escuchaba las palabras de bienvenida que el Presidente Bush dirigía al Papa, me sorprendió una línea en particular, una fuerte declaración quizá demasiado filosófica para venir de un presidente de Estados Unidos: “En un mundo donde algunos ya no creen que podemos distinguir simplemente entre lo que está bien y lo que está mal, necesitamos su mensaje para rechazar esta dictadura del relativismo y acoger una cultura de justicia y verdad”.
El Presidente hablaba de cómo vivimos en un momento de la historia marcado por el relativismo moral. El relativismo moral es la creencia de que en realidad no existe lo bueno ni lo malo, sino sólo tu opinión y mi opinión respecto a lo que está bien y lo que está mal, y de que debemos “estar de acuerdo en no estar de acuerdo” y aprender a aceptarnos. Es como decir: tú puedes creer que está bien el aborto, el matrimonio con el mismo sexo, y la experimentación con células madre de embriones, y yo puedo estar en desacuerdo, pero no tiene caso discutirlo puesto que de cualquier forma todo es relativo –la moralidad es cosa que decidimos tú y yo individualmente--. Desde una posición así, no hay absolutos o universales morales, y la moralidad cambia libremente según la perspectiva de cada quien.
A fin de cuentas, sin embargo, esta posición no es ni sensata ni lógica.
Si la moralidad fuera simplemente algo que tiene que ver con tus opiniones morales y las mías, los resultados serían desastrosos. Si yo creo que el racismo contra los negros y la esclavitud instituida en base a dicho racismo están mal, pero tú crees que están bien, ¿podremos aceptarnos felizmente y vivir de acuerdo con nuestra propia moralidad? Obviamente no, y Estados Unidos tuvo que pasar por una guerra civil terrible para arreglar este asunto. Si yo creo que el asesinato en serie y la violación están mal, pero tú crees que están bien, ¿podemos desentendernos y vivir de acuerdo a nuestras posturas particulares? Claro está que no, puesto que no pueden ser verdaderas las dos posiciones.
Estos ejemplos obvios ilustran lo que todos sabemos ya, esto es, que en el mundo real la verdad “relativa” no funciona. Supongamos que tú y yo manejamos por separado hacia un crucero con semáforo. Si dependiera de ti y de mí decidir de qué color está la luz, sin tomar en cuenta su verdadero color, habría numerosos accidentes en los cruceros. Lo que muchos no logran ver es que el mundo moral funciona de manera similar. La vida moral de muchas personas se está desintegrando y destruyendo por no respetar los señalamientos –no discrecionales– del mapa moral que guía la travesía humana. Se han equivocado al pensar que pueden hacer sus propias reglas durante el viaje, y que todo es relativo a sus propios deseos o circunstancias.
En la película La Lista de Schindler (Schindler´s List), mucha de la acción sucede en un campo de trabajo nazi. El comandante del campo decide tomar como su sirvienta personal a una joven judía. En cierto momento de la película, esta muchacha tiene una conversación privada y muy perturbadora con otro hombre, Oskar Schlinder, el protagonista de la película. Con voz muy temerosa ella le dice, “Sé que algún día mi amo me matará”. En un primer momento Schlinder no le cree, y se esfuerza por asegurarle que el comandante en realidad la aprecia. Pero ella insiste: “No, un día él me va a matar”. Luego le platica lo que había presenciado el día anterior. Vio al comandante salir de su casa, sacar su pistola y disparar a una mujer judía que pasaba llevando un paquete en la mano. Y describió a la mujer: “Era sólo una mujer que iba a algún lado; ni más gruesa, ni más delgada, ni más lenta, ni más rápida que cualquier otra persona; y no logré entender qué pudo haber hecho ella [para provocarlo]. Mientras más conoces al comandante, más te das cuenta de que no hay reglas a las cuales atenerte. No puedes pensar, “Si sigo estas reglas, estaré a salvo”.”
Comentando sobre esta famosa escena de la película, el Padre Raymond Suriani hacía referencia a cómo esta muchacha estaba absolutamente en lo cierto: En un mundo de confusión moral, un mundo de relativismo moral, no puede haber seguridad, y por lo tanto no hay paz. La joven se daba cuenta de que en el “mundo” de aquel campo de trabajo nazi, lo bueno y lo malo se habían confundido a tal grado que ella misma no podía determinar siquiera lo que estaba “bien” en la mente del comandante. Lo que le agradaba en un momento podía no agradarle en otro. Ella sabía que si él tenía el poder, o una pistola en la mano cuando no estaba complacido, la siguiente víctima podría fácilmente ser ella.
Existen ciertas verdades cardinales y absolutos morales universales que nos hablan contundentemente a los humanos sobre cómo debemos relacionarnos con nosotros mismos, con otros, y con la sociedad. La voz profética y protectora de la Iglesia nos edifica, ya que nos habla incansablemente de estos absolutos morales universales y nos hace ver la amenaza que significa para el ser humano la agenda del relativismo.
El Padre Tadeusz Pacholczyk hizo su doctorado en neurociencias en la Universidad de Yale y su trabajo post-doctoral en la Universidad de Harvard. Es Sacerdote para la Diócesis de Fall River, Massachusetts, y se desempeña como Director de Educación en el Centro Nacional Católico de Bioética en Philadelphia. The National Catholic Bioethics Center: www.ncbcenter.org Traducción: María Elena Rodríguez