Bendición en Honduras
Reflexiones del viaje misionero de los adultos jóvenes diocesanos en el 2009
Por Brent Heiser
En el espíritu de San Pablo, bajo el lema de este año “llamados a la misión”, tuve el honor de acompañar a ese grupo de jóvenes entusiastas para trabajar con el Padre Marcos Ayala en San Juan Pueblo, Honduras, el 24 de marzo de este año. Catorce jóvenes y cuatro adultos de diferentes grupos, profesiones y parroquias de las Diócesis de Raleigh, se reunieron para viajar y servir en esta misión anual. Nos reunimos con varios meses de anticipación para organizar el viaje y juntar suministros para la clínica y la escuela especial de San Juan Pueblo; realizamos varias colectas en la Catedral del Sagrado Corazón y en el centro parroquial Newman de estudiantes católicos, además de tres proyectos escolares con la finalidad de recolectar fondos y crear conciencia de los esfuerzos de la misión.
El grupo estaba compuesto por personas de diferentes edades, profesiones, y experiencias, las cuales le dieron al equipo una rica composición de practicidad y espiritualidad. Entre los miembros del grupo incluían a un banquero, un abogado, un recién egresado de la universidad, un científico, un contratista, un doctor, maestros, y ministros laicos.
Nos enfocamos en los tres proyectos principales de nuestro viaje: la clínica local, abrir una escuela temporal para impartir clases especiales, y pintar la escuela. El equipo de la clínica brindó diagnóstico médico y tratamientos, incluyendo higiene y extracción dental. Nuestra farmacia y los miembros del equipo contaban con los medicamentos y recursos necesarios; distribuimos anteojos para los necesitados. El equipo de construcción se encargó del cableado eléctrico de la estructura temporal de la escuela, la cual requirió la excavación de una zanja de 45 metros para el cable eléctrico proveniente de la iglesia y conectar las luces y los receptores de la estructura temporal. La ultima noche, logramos encender las luces de la escuela, y recibimos un reconocimiento en la liturgia de esa noche. ¡La parroquia entera celebró el evento con mucho entusiasmo!
Después, algunos miembros del equipo compartieron su experiencia y visión con nuestros hermanos Hondureños.
“Fue demasiado súper que 18 personas, en su mayoría desconocidos, pero increíblemente diverso en términos logísticos, experiencia en misiones, habilidades lingüísticas, pudieran reunirse a través de la fe y viajar a una nación en vías de desarrollo para servir a nuestro Señor y a nuestros prójimos de Honduras. ¡Dios es increíble! Trabajamos arduamente, servimos, oramos, descansamos, nos divertimos, y hasta incluso manejamos el autobús, en fin, trabajamos para crear una verdadera comunidad cristiana. Pienso que esa es la razón de nuestra alegría.” Lori Schweichert
“Mientras me preparaba para la misión de Honduras, me daba palmaditas en la espalda por mi buena voluntad. Pensé en todas las cosas que podría hacer por esta gente humilde a la que no conocía y dejar todas mis comodidades (no estar en control, visitar un lugar nuevo sin hablar el idioma, sin ser un doctor o dentista, además de ir con un grupo de personas desconocidas, etc.) Me imagine que iba a madurar un poco con esa experiencia, pero no sabía que seria tanto. Solo por el hecho de no estar en control, aprendí una lección de humildad y de confianza. Estas personas, que no tienen nada, estaban dispuestas a dar lo poco que tenían, a darnos la bienvenida en sus hogares y en sus vidas con brazos abiertos. Ellos me mostraron a Cristo cuando yo tenía la intención de mostrárselos a ellos.” — Amanda Livermore
“Lo mas extraordinario de esta jornada fue el pueblo Hondureño. Ellos viven en una situación de extrema pobreza, viven vidas simples y despreocupadas, y sin embargo, son ingenuos, felices como ningún otro. Después de convivir con ellos, me da vergüenza darme cuenta de lo que yo consideraba importante en mi vida es trivial en comparación. Si me siento presionado, me relajo, respiro profundo, y recuerdo los días en la misión” —Tom Knosler
“Mientras reflexiono acerca de nuestro viaje a Honduras, me quedo sin habla. No estoy segura donde comenzar, y mucho menos, encontrar las palabras perfectas para expresar lo que vivimos. Cada día fue diferente y abrumador. La gente estaba llena de amor y paciencia, y atención. Los niños irradiaban pura felicidad y compartieron sus sonrisas y amor con todos nosotros a los largo de nuestra estadía en la clínica, en las escuelas, y en las iglesias. Ellos viven con tan poco, y sin embargo son tan felices.” — Jessica Smith
“Estoy muy contento de haber compartido un momento de solidaridad con el pueblo Hondureño. Mi experiencia en su Iglesia me demostró que somos la misma gente, una sola familia, y ahora tengo mas ganas de trabajar para reducir el sufrimiento de los pobres en general.” — Don Lucas
“Cada uno de nosotros contribuyó a un todo que era mucho mas grande que la suma de todos nosotros. A pesar de que todos éramos diferentes, funcionamos como uno solo en nuestras tareas. Fue una experiencia mágica que sigue cambiando mi vida a diario. Pienso que esta experiencia me cambió de la manera mas positiva que me pueda imaginar. Solo se trata de concentrarte en AMOR y actuar de una forma que transmita AMOR. ¡Que regalo tan maravilloso!” — Bill (Slack) Rogers
“La experiencia mas extraordinaria de esta Misión la puedo resumir en una sola palabra, amor. El amor de dar, de servir, de compartir, y de recibir. Al igual que la Madre Teresa de Calcuta comentó una vez “La oración en acción en el amor, y el amor en acción es el servicio. Traten de dar incondicionalmente lo que la persona necesite en el momento. El punto es hacer algo, sin importar que tan pequeños, y demostrar que están interesados a través de sus acciones y su tiempo… No se preocupen pensando porqué existen los problemas en el mundo, solo respondan a las necesidades de las personas… Amemos de la misma manera que Cristo nos ama.” — Jamie McDuffie
“Sentí mas amor durante esa semana que en mucho tiempo. Nuestra semana en Honduras fue la mejor porque compartí con las personas mas inspiradoras que jamás haya conocido y también porque salí de mi rutina diaria para hacer la diferencia por medio del amor y de la compasión de Dios. — Marianna Garcia
“Concluimos cada noche con una cena, y la Santa Misa. Tengo que admitir que algunas noches ya era tarde para prepararnos para las reflexiones y prepararme para “sufrir”, pero incluso las noches en la que estaba mas agotada, Dios me dio la fuerza para concentrarme y escuchar lo que cada persona tenia que decir, y me llegó al corazón la belleza de cada persona allí presente… y permitirme ver a Dios en cada uno de ellos. Nos preguntamos a menudo “¿en dónde viste a Jesús hoy?” y a lo largo de los 8 días que compartimos con el equipo de la Misión, vi a Jesús en cada uno de los miembros del equipo. Reconocí a Jesús en cada una de las personas y vi a Jesús en la belleza del lugar que nos rodeaba. Lo sentía en el corazón cada vez que reconocía a Jesús en los niños que veía durmiendo en la calle. La semana pasada, vi a Dios en todas las cosas y en la gente, es por eso que incluyo en mi oración diaria que pueda seguir reconociendo a Jesús, incluso cuando no pueda, amarlos de todas maneras. — Marcia Edge