La cruz de Azucena

Está convencida que su sufrimiento fue el camino hacia su libertad

Por: Dana Lorelle

Justo siete días después de que tres balas atravesaran su cuerpo, fracturando su cráneo, quebrando su esternón en pedazos, partiendo tres costillas las cuales perforaron ambos pulmones, Azucena del Río necesitaba la ayuda incondicional de su madre y sus hermanos para poder bañarse y vestirse. Ella no podía hacer nada por si misma, apenas podía moverse. Claramente, ella ya no tenía ningún control de su vida; su amado esposo ahora era un fugitivo de la justicia y sus hijos estaban bajo la custodia del Servicio Social. En un segundo, la vida que estaba construyendo se destruyo en mil pedazos.

Sin embargo, era un domingo por la mañana, y ella tenia un sitio a donde ir.

–Fui a la Iglesia, porque tenía que darle gracias a Dios –comentó.

El comienzo de la violencia

La historia de Azucena es tiene un desenlace positivo entre tanta maldad; esperanzadora en medio de una situación desesperante, aunque comienza de forma común; por un embarazo en sus años de adolescentes y un matrimonio a temprana edad.

Su nombre era Joaquín Rangel Ramírez, y la abofeteó por primera vez dos semanas después de su boda.

El embarazo de azucena, solo aumentó el nivel de posesión de Joaquín; al punto que ella debía pedirle permiso en la noche para utilizar el baño; en el supermercado, solo podía ver al piso porque sino él podría acusarla de coquetear con otros hombres en la tienda. En su trabajo, Joaquín esperaría por ella en el estacionamiento para vigilarla por la ventana; tampoco podía salir de su trailer sola.

Él se la pasaba borracho y utilizaba sustancias ilícitas con frecuencia.

Todas las noches, antes de dormir le decía: “¡si te llego a ver con otro hombre, te mato!”

La noche del 10 de noviembre de 2007, eso fue exactamente lo que trato de hacer. Azucena pasó todo el día trabajando como interprete en el Hospital Regional Betsy Jhonson en Dunn. El día no fue nada fácil para ella, puesto que Joaquín la llamó todo el día diciéndole que llevaría a los tres niños a desayunar o amenazándola con quemar el trailer donde vivían. Ella solo pensaba en buscar un lugar seguro para llevar a sus hijos después del trabajo.

Sin embargo, ella tenia un mal presentimiento –algo dentro de mí me decía que algo terrible estaba por suceder. Puedes sentir cuando algo malo esta por suceder. –recuerda. En un momento, miró una de las camas del hospital donde trabajaba y se imaginó acostada en una de esas.

Pero él la sorprendió en el estacionamiento del hospital con sus hijas. Le disparó una vez entre las cejas. Azucena trató de correr y en la distancia vio a una mujer vestida de blanco cerca del hospital. –Solo pensaba que si llegaba a donde estaba ella, estaría a salvo. No podía ver su rostro, solo que estaba vestida completamente de blanco. –Comentó

Joaquín le disparó de nuevo por la espalda. La bala salió por su pecho, pero ella siguió corriendo, sin caerse.

Pero le disparó una vez más. Azucena llegó hasta la mujer de blanco donde finalmente cayó llorando: -¡Por favor ayúdame! –y perdió el conocimiento.

Dios estuvo alli

Dios estuvo allí es noche. De eso no tuvo la menor duda porque ella sabe que no hubiese sobrevivido a ese tiroteo. Lo sabe porque pudo correr y dos doctores del Centro Medico de UNC estuvieron allí esa noche tratando de estabilizarla y la llevaron vía aérea al Centro Medico.

Además que la bala en su frente que fracturó su cráneo solo tocó su cerebro. Milagrosamente, las tres balas no causaron daños permanentes, y que solo 6 días después, fue dada de alta cuando tuvo que haber estado hospitalizada por meses.

Cuando volvió en si minutos después de colapsar, ella recuerda haber visto una luz blanca y sintió una inmensa necesidad por orar, y lo hizo una y otra vez. La frase “O mi Dios voy a morir” invadió sus pensamientos, pero ella siguió orando. “Dios te amo, por favor déjame vivir por mis hijas.”

Para evitarle más estrés, sus familiares le dijeron que Joaquín había sido capturado y que sus hijas estaban bien, cuando en realidad Joaquín seguía prófugo de la justicia y sus hijas habían desaparecido por dos días.

. Ella vive todos los días pensando que podría regresar y que ella solo cuenta con la protección de la gracia de Dios.

Pero la noche del 10 de noviembre fue suficiente. –Es increíble. Me disparó en la cabeza y en los pulmones y no me morí. Dios quería que siguiera viva porque Él tiene una misión para mí en este mundo. – comentó.

Ella piensa a menudo de la mujer de blanco que vio a las afueras del hospital. Sabia que era una enfermera, pero no podía verle la cara, pero el vestido blanco le representó seguridad en ese momento.

Tan solo puede sea una coincidencia, pero antes de lo ocurrido, ella solo le pedía a la Virgen María y los feligreses de su parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe en Newton Grove constantemente le pedían a la Virgen Maria por la recuperación y protección de Azucena.

Al día siguiente que le dieron de alta del hospital, se fue derecho a la iglesia para sorpresa de su párroco y de los feligreses quienes habían pedido fervientemente a Nuestra Señora de Guadalupe por su recuperación.

O es coincidencia que ese lunes por la mañana ella le imploró a la Virgen María que el Servicio Social le regresara a sus hijas cuando se negaban a regresárselas hasta que Joaquín fuese capturado.

Segundos mas tarde, sonoo el telefono. Sus hijas regresaban a casa.

Agradecida

Ella piensa que la misión que le encomendó Dios es la de contar esta historia. Ella quiere darles esperanza a aquellas mujeres que se encuentran en la misma situación que ella vivió una vez para demostrarles que ellas también tienen un camino hacia la libertad.

Ella estuvo esclavizada de más de una manera, comentó el Padre Patrick Keane, párroco de la iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe en Newton Grove. Ella estuvo esclavizada por la circunstancia, por la presión financiera y cultural. Abandonar a un esposo abusivo no es tan fácil como cuando ella nos cuenta la historia.

Joaquín la alejó de su familia y de su apoyo. Azucena no podía visitar a su madre a menos de que él la llevara a verla. Cada vez que la golpeaba, siempre la amenazaba con matar a su madre y a su hermano si le contaba a alguien. También, la amenazaba con suicidarse si llegaba a abandonarlo.

Ahora solo lo ve como manipulación. –No quería preocupar a mi madre. Cuando esto sucede, siempre tratas de ocultarlo; siempre tratas de convencerte a ti mismo que todo iba a cambiar y que el seria un buen hombre algún día. Pero nunca cambia, tu deber cambiar. –comentó.

Ella estaba en ese proceso de cambio cuando fue balaceada. Ella ya había buscado un trabajo como interprete y se había inscrito en el programa de enfermería en la universidad, los cuales solo causaron la furia de su esposo mas varias golpizas.

Un día de abril del año 2007, el la sorprendió después de clase con una pistola. Él dejó a las niñas, incluyendo a la bebe de cuatro meses, solas en la casa tan solo para decirle este mensaje –si tu hubieses caminado con otro hombre, ya estarías muerta.

En ese momento, Azucena sabía que tenía que irse porque él la iba a matar.

En octubre, ella y sus tres hijos se habían mudado con su madre, pero temerosa por su vida, ella llenó una orden de restricción contra Joaquín.

Un mes después, él intento matarla.

“La llave a la libertad”

Desde el incidente, la mujer que alguna vez no podía salir sola de su trailer, ahora es una fuerza de inspiración en su pequeña parroquia. Ella es catequista de adolescentes y muchos de ellos la conocen como “tía.” Algunos simplemente la buscan para llenarse de esperanza sabiendo que ella sobrevivió triunfante a la peor de las noches y renovó su vida.

Ella es lector, ayuda con los retiros, y da lo que puede a todo aquel que lo necesite. Todo por esas balas.

Ella llama a esas balas como “las tres llaves de la libertad” porque gracias a ellas, se ha librado del abuso de Joaquín. Esas balas son su libertad física, emocional y espiritual, y lo que ella espera es que otras mujeres consigan esa libertad sin pasar por este trauma.

En noviembre, fue honrada por Peace at Work, un grupo con base en Carolina del Norte para prevenir el abuso domestico en los sitios de trabajo. Ella recibió el premio de Peace Worker y el premio Workplace Compensation, el cual la ayudara a costear sus gastos médicos.

Ella ha ofrecido su trabajo voluntario como interprete en refugios para personas que han sufrido de la violencia domestica, da charlas en las iglesias y a grupos, en estaciones de radio y en retiros espirituales. Ella le dice a las mujeres que están siendo abusadas que existe una salida al ver la primera señal de abuso, porque sus vidas dependen de eso.

También les habla de la bondad de Dios, y lo agradecida que está por cada momento de su vida.

-Es increíble como este incidente cambio mi vida y mi forma de vivir. Viví deprimida por tanto tiempo y ahora soy tan feliz de estar viva y le agradezco a Dios por poder mover mis manos y permitirme respirar. Pero se que no tengo garantizado el tiempo. ¡Estoy aquí para agradecerle a Dios por este milagro!

Azucena del Rio