Ser Luz para el Mundo
Durante estos días tenemos la experiencia de la oscuridad, los días son más cortos, pero es la oportunidad de contemplar la luz interior de nuestra vida.
Cuando nacemos a este mundo, la luz de la vida comienza a iluminar con las ilusiones de los padres, los anhelos de los abuelos y las esperanzas del Dios de la vida para realizar su plan y su salvación.
Cuando crecemos corremos el riesgo de olvidar que nuestra vida tiene la misión de iluminar y hacer crecer la luz que hemos recibido y ayudar al mundo a ver y contemplar la verdad, la belleza y la razón con la que ha sido dotada.
Ahora nos preguntamos ¿Qué hemos hecho con la luz de la verdad en nuestra vida? ¿La hemos cambiado por la conveniencia, la hemos disfrazado con la moda, la hemos apagado con las obras de nuestro egoísta pecado que no acepta vivir la libertad en la responsabilidad?
Durante este tiempo celebramos la luz de todos los santos que nos han iluminado con su fidelidad a Cristo y a la Iglesia y nos anima el futuro encuentro con todos ellos en la Iglesia celestial. También recordamos a nuestros fieles difuntos, como los que han iluminado nuestra vida con su amor, su compartir y sus enseñanzas. Por eso dirigimos nuestras oraciones por todos ellos para que vivan en la luz de la vida eterna.
De la misma manera, contemplamos nuestra vida como el lugar y el momento que debemos trabajar para hacer brillar nuestra propia luz. Donde respondemos a la familia con la fidelidad y la entrega, donde respondemos a Dios y a la Iglesia con la fe viva y llena de obras y donde le concedemos al mundo destellos de luz de verdadero amor que ayudan a avivar la esperanza para que Cristo habite en los corazones de los que viven en nuestro mundo.
Tal vez esa luz sea la alegría, la hermandad, la solidaridad, el trabajo por la justicia, las semillas de paz y los frutos de amor que compartimos con todos para no dejar que la oscuridad abarque los corazones de los que buscamos a Dios.
Padre Fernando Torres