Los Franciscanos celebran 800 años de servicio compasivo
En abril, unos 1,800 frailes de la orden menor, franciscanos conventuales, capuchinos y la tercera orden regular franciscana, asistieron a una reunión en Asís, Italia, en conmemoración de los 800 años de la aprobación Papal de la orden Franciscana. Los participantes siguieron los pasos de su fundador –San Francisco de Asís – con actividades que se llevaron a cabo en los alrededores de la Basílica Santa María de los Ángeles, donde se encuentra la Porciúncula, una pequeña iglesia donde San Francisco experimentó su conversión. Orando frente a la cruz, Francisco preguntó –¿Señor que debo hacer? y el Señor le contestó: “Francisco, ve y reconstruye Mi Iglesia que está completamente en ruinas.”
Padre Mark Reamer, OFM, Párroco de la parroquia San Francisco de Asís en Raleigh, fue uno de los primeros representantes en atender la reunión en Asís. Los frailes viajaron por autobús desde Asís hasta Castelo Gandolfo, donde se congregaron en un pequeño patio para escuchar al Papa Benedicto XVI, quien los instó a ser testigos de la resurrección. En un escrito a sus feligreses, Padre Reamer compartió algunas observaciones del Santo Padre:
“Continúen proclamando con pasión el Reino de Dios. Todos los hermanos y hermanas deben mantener siempre un estado contemplativo, feliz y simple; siempre comenzando con Cristo, comenzando desde la crucifixión de San Damián… y ver el rostro de Cristo en nuestros hermanos y hermanas sufridos para así llevarles Su paz. Sean testigos de la “belleza” de Dios, la misma que observó Francisco… Vayan y continúen reparando la casa del Señor Jesucristo, su Iglesia… Al igual que Francisco, siempre comiencen con ustedes mismos. Nosotros somos la primera casa que Dios quiere restituir; si están dispuestos a restituirse en el espíritu del Evangelio, continúen su tarea de párrocos de la Iglesia para hacer mas hermosa el rostro de la Iglesia, la novia de Cristo.”
En Carolina del Norte, los Franciscanos han servido desde que se estableció la Diócesis de Raleigh en 1924. En aquel entonces, las hermanas Franciscanas enseñaban a los niños negros en Wilmington. En los años 30 y 40, las hermanas, hermanos, padres, y frailes franciscanos, extendieron sus esfuerzos para educar a los pobres, a los privados de cualquier derecho, y abrir las puertas de la Iglesia a todos los hijos de Dios. En la diócesis de Raleigh actual, 20 descendientes espirituales de San Francisco de Asís se encuentran trabajando activamente en el ministerio.
–El mensaje de San Francisco continua brindando frutos. Nuestro Dios es un Dios compasivo, quien se entregó a la cruz por amor, un Dios que es feliz con lo mas simple y compasivo con los rechazados del mundo. San Francisco percibió la abundante bondad de Dios en todos los niveles de la creación. Para los Franciscanos el mundo es un claustro porque allí es donde Dios encontró la belleza en cada una de las personas y en toda la creación –comenta la hermana Joan Jurski, OSF, Coordinadora de la Oficina de Paz y Justicia/Respeto a la Vida de Catholic Charities de la Diócesis de Raleigh.
Padre Steven Patti, OFM, Vicario Parroquial de la parroquia de la Inmaculada Concepción en Durham, enfatizó el papel de los Franciscanos desde su fundación, hasta su papel de pacificadores. –Como vocero del Evangelio, los Franciscanos entendieron que su llamado fue el de unificar y reconciliar a las partes, y hoy en día, ésta tarea sigue siendo vital para nosotros. Existe mucho conflicto y violencia en nuestras vidas y en nuestro mundo. Francisco señala a Cristo, y se maravilla con el don de la Eucaristía; nos pide que tomemos un momento para observar la belleza de la creación de Dios, para seguir llevando la paz de Cristo y la bondad en nuestras vidas. ”
La historia de los franciscanos
Después de 800 años de su fundación, el reto continua
Francisco de Asís nació en 1182, hijo de un comerciante. En su juventud, trabajaba en el negocio de la familia, sin embargo, luego de ser capturado como prisionero de guerra, comenzó a evaluar el propósito de su vida. Al comienzo, ayudó a los enfermos de lepra, uno de los mas marginados de su sociedad. Luego, en 1206, mientras oraba en la Iglesia de San Damian, escucho el llamado de Jesús para que “restituyera su casa.” Francisco lo siguió al pie de la letra y vendió una mercancía de gran valor para obtener fondos; por supuesto, esto produjo la deshonra de su padre. En un gesto dramático, Francisco se despojo de su vestimenta frente a las autoridades de Asís como símbolo de su ruptura con el pasado. “De ahora en adelante, jamás me referiré a mi padre Pietro Bernardone, sino a mi Padre que está en e cielo.” –comentó. Desde ese momento, Francisco vivió en pobreza, tan solo portando una vieja tunica, haciendo trabajos de poca importancia, y mendigando por su comida. Siempre estuvo al pendiente de los marginados de su sociedad.
En 1208, la vida de Francisco tomó otro rumbo cuando algunos compañeros se unieron a él inspirados a vivir una vida “de acuerdo al Evangelio.” Se dedicó a seguir las instrucciones que Jesús le dio a sus discípulos cuando los envió a “proclamar las buenas nuevas”: Dondequiera que vayan, prediquen este mensaje: El reino de los cielos está cerca. Sanen a los enfermos, resuciten a los muertos, limpien de su enfermedad a los que tienen lepra, expulsen a los demonios. Lo que ustedes recibieron gratis, denlo gratuitamente. No lleven oro ni plata ni cobre en el cinturón, ni bolsa para el camino, ni dos mudas de ropa, ni sandalias, ni bastón; porque el trabajador merece que se le dé su sustento. (Mateo 10.7-10)
En 1209, viajaron juntos a Roma, para obtener la aprobación del Papa Inocente III de una simple orden para vivir juntos como los “hermanos pobres.” Antes, al igual que ahora, hubiese sido extremadamente difícil para cualquiera, sobre todo un insignificante grupo, de obtener una audiencia con el Papa. Francisco y sus compañeros fueron afortunados con la ayuda del Obispo de Asís, Guido, quien los presentó a uno de los consejeros mas cercanos al Papa Inocente III. El Cardenal Benedictino, Juan de San Pablo, les recomendó que se unieran a cualquiera de las formas religiosas ya existentes en la iglesia medieval como los monjes, los ermitaños, o los cánones, pero Francisco estaba convencido de su distintiva originalidad del camino que él y sus hermanos habían adoptado. Abrumado por su sinceridad, el Cardenal accedió a presentarlos al Papa Inocente en el próximo consistorio.
A pesar de algunos inconvenientes, el Papa Inocente otorgó a Francisco la petición de llevar una vida radical en el Evangelio, autorizándolo a predicar la penitencia entre su pueblo, dando pie al movimiento Franciscano.
Su sentido misionero envío a Francisco y a sus hermanos a trabajar entre su pueblo de Asís, predicando de manera informal el mensaje del Evangelio. Pronto, los hermanos comenzaron a llevar la palabra a diferentes países, y a servir en ministerios oficiales de la Iglesia. Cada vez mas eran los clérigos que se unían a la orden, como es el caso de Antonio de Portugal, conocido como San Antonio de Padua, una ciudad al norte de Italia donde se destaco como predicador. Luego, los franciscanos no solo se dedicaban a la tarea de predicar, pero también escuchaban confesiones, capellanes, profesores de teología, diplomáticos, y misioneros de la Iglesia. En todos esos casos, siempre mantuvieron su clase trabajadora para ayudar a los pobres y abandonados de la sociedad.
En la celebración de los 800 años de su fundación, el Ministro General de la Orden Menor, Hermano José Rodríguez Carballo, le recordó a los Franciscanos que este aniversario no solo se trata de recordar los momentos gloriosos de la historia, es un momento sagrado para los Franciscanos de emprender los retos del Segundo Concilio del Vaticano de examinar las señales de nuestros tiempos en la luz del Evangelio, y así recrear la carisma de Francisco y enfocarla en los retos que presenta el mundo actual.
Padre Dominic Monti, Vicario Provincial concluye: -algo esta claro, nuestra vida Franciscana de acuerdo al Evangelio, no es una teoría abstracta o amorfa del ideal espiritual; requiere que nosotros discernamos las formas concretas de dirigirnos a las necesidades del mundo, imitando la vida pobre y humilde de Cristo.
Adaptado del libro del Padre Dominic Monti, O.F.M: Francis and His Brothers (St. Anthony Messenger Press, 2009).