Hombres que dicen a diario “Sí, Jesús”

Tres sacerdotes, tres caminos, un mismo destino: aceptar la voluntad de Dios

Por Rich Reece / Fotografías por Denmark Photo & Video

En su discurso del mes de marzo, nuestro Papa Benedicto XVI, anunció el Año Sacerdotal a partir del 19 de junio, para establecer la necesidad que tienen todos los sacerdotes de saber que “a través de su propia humanidad… él le brinda al mundo otro, Dios.” Para nadie es sorpresa que hablar con los sacerdotes acerca de sus vidas y de sus vocaciones, es aprender sobre Dios: el misterio de Su Voluntad y la bendición que él derrama sobre aquellos que luchan en el proceso de discernimiento y en los que la aceptan. Los orígenes y las experiencias vividas por los tres sacerdotes entrevistados por NCC son diferentes al igual que sus personalidades, pero los tres comparten algo en común: aman y confían plenamente en el Señor.

En 1928, Padre Paul Byron nos cuenta que a los siete años de edad, le anunció a su familia católica de origen irlandés, que seria sacerdote. La noticia fue muy bien recibida y –la Iglesia se convirtió el centro de nuestras vidas, al igual que nuestra comunidad y no recuerdo haber conocido a ningún protestante hasta que cumplí 14 años. –comentó. Su tío fue sacerdote, y además sentía una gran admiración por su párroco que como nos cuenta –era un hombre de mucha sabiduría, determinación, y buen estudiante de la liturgia.

Sin embargo, el camino del joven hacia al sacerdocio dio un vuelco inesperado. Después de un año en un seminario muy estricto, el joven acumuló suficientes deméritos por haber cometido una leve infracción durante su entrenamiento; en su mayoría por hablar durante el tiempo de silencio obligatorio por lo cual terminó suspendido. Su familia acudió a la chancillería para solicitar su transferencia a otro seminario, pero sus conexiones no fueron suficientes para persuadir al Obispo de turno.

Sin embargo, su párroco, acudió al rescate. Su amigo, Monseñor Eugene J. McGuinnes, Obispo de Raleigh en aquel entonces, aceptó al joven y realizó los arreglos necesarios para reanudar su entrenamiento en el seminario. –tiempo después me enteré que mi párroco le entregó un cheque personal por $10,000 a la misión de Carolina del Norte. Entonces terminé en la Diócesis de Raleigh, la cual no se parecía en nada al concepto de Iglesia Católica que tenia en mente. -Era más diferente de lo que esperaba, y la manera en que llegué hasta allá fue algo graciosa. –recordó sonriente. –Me sentí como si verdaderamente fue la Voluntad de Dios. Padre Byron comenzó su sacerdocio en Delco, en el apostolado del Obispo Vincent Waters, recorriendo largos caminos, tocando de puerta en puerta, con la finalidad de convertir a cada residente de Carolina del Norte al catolicismo. Su primera parroquia fue en Asheboro, “Setenta y dos almas en tres condados” seguido por Morehead City, Durham y Charlotte, en donde fue el primer párroco de la parroquia de St Gabriel. –Todavía tengo amistades allí, y tuve la oportunidad de predicar en el 50˚ aniversario en una iglesia que no existía en mis tiempos.

Jamás dudó ni por un momento que el sacerdocio era para él, aunque tiempo después se dio cuenta la gran satisfacción que le traería su vocación. –Cuando era joven, gran parte de mi motivación se debió a mi devoción. Siempre quise ser el que estaba frente al altar, haciendo lo que solo los sacerdotes podían hacer. Aún me causa emoción formar parte de la liturgia y de la vida sacramental del pueblo. Tiempo después comencé a disfrutar la tarea de ser párroco, y el guía espiritual del pueblo. En 1960, mi amigo sacerdote Charlie Mulholland me recomendó que participara más en los programas de paz y justicia social. Padre Byron también comentó que el primer Cursillo en Carolina del Norte, fue un movimiento de tremendo triunfo espiritual. –En el primer Cursillo recuerdo que invitamos a un grupo de Baltimore, y uno de sus miembros era el joven Monseñor F. Joseph Gossman.

Después de 63 años de su ordenación, Padre Byron sigue en búsqueda de lo inesperado, de las vueltas que da la vida, porque –siempre supe que Dios me daría la fuerza puesto que siempre fue Su Voluntad la que dirigió mi camino.

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Un año después de su ordenación, Padre Romen Acero sirve actualmente en la Iglesia de St. Thomas More en Chapel Hill. –Estoy mas feliz que nunca en mi vida –comenta. Su camino al sacerdocio tampoco fue nada fácil, pero lo llevó a apreciar con fervor la Providencia de Dios.

En Bogotá, Colombia –a los 14 años de edad supe que Dios me hizo el llamado al sacerdocio. Siempre fue monaguillo, y estuve involucrado en el grupo parroquial y siempre me llamo la atención el ministerio de los sacerdotes y de las hermanas. –comentó. Su familia, de escasos recursos económicos, siempre le brindó todo su apoyo; pero en vez de ingresar al seminario, se convirtió en maestro de una secundaria católica, enseñando gramática del castellano, filosofía, y educación religiosa por un periodo de nueve años. –En todo ese tiempo, siempre quise ser sacerdote, y auque disfrutaba mucho ser docente, me frustraba saber que el sacerdocio no era lo que Dios tenía planeado para mí.

En una reunión en Bogota, el maestro conoció al Padre Fernando Torres, un sacerdote oriundo de Colombia el cual servia en la Diócesis de Raleigh. –Me invitó a inscribirme en el programa de vocaciones en Raleigh y no lo podía creer –agregó.

A menudo vivo momentos de gracia. –continuó. Un descubrimiento para el joven sacerdote fue el ministerio de los enfermos. Por esta razón, siempre está de guardia para cumplir con las necesidades de los pacientes del hospital de la Universidad de Carolina del Norte, (NC-Chapel Hill)

–Comencé a pensar: ¿cómo puedo ayudar a éstas personas?, porque ellos son los que me dan fortaleza. ¡Es una experiencia increíble! Una simple llamada puede cambiar el curso del día, además de traer bendiciones inesperadas. Nunca se lo que sucederá, pero siempre estoy seguro que sentiré la Gracia de Dios, y al final del día termino diciendo “gracias, Dios mío”

Padre Acero asegura que –su ministerio se trata de decirle al pueblo lo mucho que Dios los ama, y se los puedo decir por convicción propia porque siento Su amor a diario. Como sacerdote se esfuerza en “entender el contexto actual de las necesidades del pueblo” a la vez de “conectar la proclamación de Jesús con los sucesos del mundo. Su Palabra puede responder las incógnitas sobre la existencia de la humanidad”

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Padre Justin Kerber, C.P, irradia de alegría cuando habla de su parroquia y de su ministerio. Sin embargo, hace 12 años atrás, cuando lo asignaron a la parroquia de St Peter en Greenville, lloró.

Padre Kerber no recuerda que en ningún momento dudó de su vocación. –Nunca pensé en otra cosa –comenta. Cuando pequeño en Nueva Jersey, asistió a un retiro y conoció al Padre Michael Anthony.

Recuerdo que llegué bien temprano y me pidió que hablara con él. Luego me mostró su breviario, y me explicó el significado de cada una de las fechas: “esta es la fecha cuando mis padres fallecieron. Esta es la fecha de mi viaje a China…” y luego me contó cuando lo encarcelaron por cinco años y lo torturaron, además de presenciar que algunos de sus feligreses se convirtieron en mártires. En ese momento pensé “eso suena como a la antigua iglesia” Este hombre debe amar verdaderamente a Jesús y ¡yo también quiero ser como él! –expresó.

El joven luego les suplicó a sus padres que lo dejaran formar parte de los Pasionistas en cuanto culminara octavo grado, pero su padre quiso que terminara la secundaria primero. Sin embargo, una noche escuchó a su madre hablar con su padre en la habitación –no quiero que se vaya –comentó la madre –pero sigo pensando sobre Jesús en el templo cuando dijo “¿No sabían que tengo que estar en la casa de mi Padre?” En seguida el joven de 12 años comenzó su noviciado y fue ordenado en 1972.

–Me uní a los Pasionistas porque quería una vida enfocada en la oración y en la reflexión –comentó Jamás se decepcionó, y al pasar de los años lo invitaron a predicar en retiros, vocaciones directas, a dirigir a estudiantes pasionistas, y servir de director de un monasterio. –Después de 37 años de sacerdocio, nunca digo que no a nada. Decidí que no necesito considerar cualquier cosa que me pidan porque lo tomo como la Voluntad de Dios.

Aceptar el cargo de sacerdote parroquial fue muy difícil. –Al llegar a St. Peter, fui directo a la capilla y me arrodillé frente al Sagrado Sacramento y lloré. Ore por dos horas y le dije a Jesús “Tu me enviaste aquí, y aquí estoy, aunque sea por el resto de mi vida. Haré esto de corazón.

Doce años después, descubrió que le encanta el ministerio parroquial. De hecho, tiene una lista con los nombres de todos los bebes que ha bautizado, para continuar orando por ellos. –En mis primeros 26 años de sacerdote, bauticé a 21 bebes, pero desde que soy párroco, he bautizado a unos 500.

Padre Kerber fue enfático al decir que: –el sacerdocio no es un trabajo, es una relación con una persona y esa persona es Jesús. El es mi corazón, el centro de todo. El es la razón por la que soy sacerote. En 37 años, el Padre Kerber ha celebrado la Santa Misa todos los días menos uno, debido a una cirugía de emergencia. Su consejo para todos los hombres que contemplan la vocación al sacerdocio es –piensen en la necesidad de Cristo primero ante de la de ustedes, y centren su vida en la Eucaristía.