Los migrantes y refugiados
El 17 de enero de 2010 como Iglesia católica celebramos la 96° jornada mundial del “Emigrante y del Refugiado”. El Papa Benedicto XVI anuncia una vez más que la Iglesia trabaja incansablemente por los migrantes y de manera especial por los menores.
Cada día sorprende el sinnúmero de recursos que se emplean, casi en vano, para crearles barreras a los miles que deciden emigrar de sus lugares de origen debido a las razones políticas, económicas, sociales y hasta promocionales, gracias a los medios de comunicación.
Los que emigran son en su mayoría jóvenes que se lanzan a la conquista de un sueño y al riesgo de un calvario lleno de sufrimientos, desprecios y discriminaciones. Pero las consecuencias son más graves para los menores de edad que se ven afectados con un sistema social que afecta su desarrollo físico, cultural, espiritual y moral.
Cada niño que emigra, no solo deja su lugar de origen sino que se ve afectada su educación y en el futuro se afectará su profesión y la estabilidad de la familia, se le limitarán sus servicios médicos y su espiritualidad y su moral se verán atrapadas por la opción de sobrevivir.
La Iglesia tiene una gran tarea en la evangelización de estos inocentes que no han pedido venir, pero los han traído o han nacido en una familia de migrantes, buscan un lugar de pertenencia y muchas veces se cierran todas las puertas, quedando sin derechos, condenados por un crimen que no han cometido. Los católicos deben crecer en la caridad y en la fe, dándoles la bienvenida a los migrantes, pero de manera especial a aquellos pequeños que como Jesús tuvieron que abandonar su país.
También la Iglesia debe seguir trabajando para ayudar al mundo a ver a los migrantes no como una acción ilegal sino como un clamor de la injusticia que clama hoy la solidaridad de todos y nos invita a enriquecernos con los frutos de sus vidas, sus culturas y su fe.
Padre Fernando Torres