Un Árbitro, un Lanzador y un Ejemplo
Uno de mis trabajos de verano durante mi tiempo en el seminario y antes de mi ordenación como diácono fue la de un árbitro de beisbol. Algunos individuos graciosamente decían que este trabajo me había preparado para ser Obispo---con muchas “decisiones difíciles y rápidas” sin que no todos estuvieran de acuerdo contigo!
Hemos aprendido más sobre el mundo del árbitro en la amplia difusión de la historia de una llamada errónea que recientemente le costó a un lanzador la emoción de lanzar un “juego perfecto”. El 2 de junio, faltando un “out” en la parte baja de la novena entrada, una pelota baja fue bateada. El lanzador de los Tigres de Detroit, Armando Galarraga, cubrió la primera base. El corredor fue claramente “out”. Sin embargo, el árbitro, Jim Joyce declaró al corredor “safe”. Debido al error, Armando Galarraga no aparecerá en los libros de registro como unos de los lanzadores del número selecto que han lanzado un juego perfecto.
Mientras que esto fue un lamentable suceso en los deportes, las respuestas del árbitro y el lanzador han proporcionado lecciones valiosas sobre la manera de manejar la adversidad. Después de que la decisión fue hecha y sabiendo las consecuencias, el lanzador simplemente sonrío y continúo con el juego sin una muestra de enojo. Después del juego y tras ver la cinta de video, el árbitro humildemente reconoció el error. De hecho, pidió reunirse con el lanzador en el club para pedir una disculpa sincera. El lanzador le recordó al árbitro que nadie es “perfecto.” En el juego del día siguiente, el árbitro y lanzador se reunieron en el campo y mostraron deportividad, clase, respeto y profesionalismo. Su ejemplo habló fuertemente – a todos los jugadores, entrenadores, árbitros y fanáticos – de la perspectiva necesaria que debemos mantener.
También podemos aplicar el ejemplo del lanzador y del árbitro a nuestra vida espiritual. Ya que a veces es difícil de aceptar, debemos darnos cuenta que nadie es “perfecto.” Cometemos errores y hacemos malos juicios. Pecamos y fallamos. Para poder crecer en nuestra vida espiritual, no debemos de perder tiempo o energía inventando “excusas. Para estar verdaderamente reconciliados, debemos reconocer nuestros pecados, expresar nuestro pesar y pedir perdón. La Buena Nueva es que Nuestro Señor Jesús nos abraza en su infinita misericordia y amor. Que bendecidos somos al poder experimentar estos dones especialmente en el Sacramento de La Eucaristía y La Reconciliación.
Del mismo modo, también debemos de admitir que le hemos fallado a otros. Descubrimos la verdadera libertad simplemente cuando reconocemos nuestros errores y ofrecemos una disculpa sincera al que hemos ofendido con nuestras palabras o actos. A su vez, no debemos esperar que nadie sea “perfecto.” Debemos siempre estar dispuestos y preparados para aceptar cualquiera disculpa que otros tengan que ofrecernos para que juntos podamos empezar de nuevo.
El árbitro declaró que había estado veintitantos años en esta profesión y que en todo ese tiempo nadie lo conocía. Ahorra debido a un error, es el árbitro más reconocible en el deporte. Desde entonces, entrenadores y directores se han tomado el tiempo para ofrecer elogios y estimulo por su buen trabajo a lo largo de los años. En nuestras propias vidas, podemos fácilmente enfocarnos en lo que hemos hecho mal y en nuestras limitaciones o por alguna decisión equivocada. Sin embargo, el crecimiento en nuestra vida espiritual demanda que a diario demos gracias por las diferentes maneras en que Dios nos usa como Su instrumento y trabaja a través de nosotros. Celebre lo que ha logrado con la gracia de Dios y nunca olvide las maneras milagrosas que el Señor lo ha utilizado y continua utilizándolo como Su instrumento cada día. De la misma manera, levántate y anima a aquellos que no pueden ver las bendiciones del Señor en este tiempo, especialmente a aquellos quienes se encuentren abrumados por algún reciente fracaso o dificultades.
La decisión que priva a un lanzador para un juego perfecto nos recuerda que el mundo del deporte a menudo puede enseñar algunas lecciones valiosas en la vida y en nuestra jornada espiritual. Debemos orar diariamente por la gracia para que mantenga nuestras prioridades a fin de demostrar el espíritu deportivo dentro y fuera del campo, para reflejar la clase y el respeto en nuestras relaciones con otros, para reconocer nuestras fallas, para disculparse cuando sea necesario, para perdonar a aquellos que nos han lastimado, para celebrar nuestros logros y apoyar a aquellos en medio de nosotros que se encuentran en una gran necesidad de aliento.
Por cierto, recuerdo algunos errores importantes que hice como árbitro y reconozco que estoy todavía lejos de ser perfecto. Por lo tanto, cómo puedo no ayudar pero tomar esta oportunidad para pedirte que continúes apoyando a tu Obispo, especialmente en esas “decisiones difíciles y rápidas” que tienen que hacerse!