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 June 2006
Historias de desigualdad y bendición

Durante un fin de semana especial, personas discapacitadas y voluntarios encuentran a Cristo entre sí

Por Dana Lorelle

Cuando Israel Pattison se alejó de la fe cristiana hace algunos años, no podía sospechar que algún día regresaría. Mucho menos podía anticipar la manera como Dios lo llamaría.

Un día conoció a Camille Durfee, una niña bonita de cabello oscuro, de sonrisa fácil y que sufre parálisis cerebral múltiple. Este año, durante la Vigilia Pascual, cuando se arrodillaba para recibir los Sacramentos de la Iglesia Católica, Camille estaba allí a su lado, en su silla de ruedas.

Todo gira alrededor de las historias.

Dos veces al año, los participantes al retiro Encuentro de Discapacitados con Cristo (HEC), se dividen en dos grupos: los discapacitados y los hombres y mujeres que sirven como voluntarios acompañando y cuidando a los demás durante el retiro espiritual ese fin de semana.

No todas las personas discapacitadas pueden contarnos su historia, pero igual las tienen. Está Billy, quien no puede hablar pero salvó la vida de un doctor. Está la historia del asistente al campamento que su única oportunidad de dormir bajo las estrellas la tuvo cuando sus amigos de HEC instalaron su cama en el porche. Está la historia del programador de computadores a quién después de haber sufrido un derrame le desapareció la memoria corta. Están Ken y Cecilia quienes aún en sillas de ruedas se toman de las manos durante todo el fin de semana.

Sin embargo los participantes que van a los retiros como la voz de los que no pueden hablar, los ojos de los que no pueden ver, las manos que visten, alimentan y bañan a los demás, tienen su propia historia de lo que han descubierto a través de HEC. "Estas personas por quienes a menudo sentimos lástima o son ignorados por el mundo pueden ser la forma que Dios usa para atraer a las personas hacia Él.

"Cuando miramos a éstas personas, pensamos que los estamos sirviendo cuando realmente son ellos los que nos sirven a nosotros. Todo se relaciona con una bondad sorprendente. Una vez que la has experimentado la quieres una y otra vez," nos dice Anthony Radewicz. "Esto es lo que Jesús nos pidió que hiciéramos. Al servir, estamos siendo servidos."

HEC tiene su origen en Washington D.C. y se establece por primera vez en Raleigh en 1980. Los retiros se realizan en el Centro Short Journey en Smithfield, un lugar tranquilo a las afueras de Raleigh. Aunque no está limitado a los católicos solamente, se ofrece Misa y se reza el rosario los sábados en la tarde. HEC recibe un estipendio de la Diócesis de Raleigh. El señor Brent Heiser, el nuevo director de HEC nos dice lo siguiente: "Estos son retiros espirituales y todos son bienvenidos."

El fin de semana es también una ocasión social, es una reunión para aquellos que tienen algo muy importante en común. Para algunos participantes de HEC, ésta es la única actividad social en sus vidas. Para Jerry Freeman de Smithfield, quien es un paciente de espina bífida y sólo puede ser transportado en ambulancia, el retiro de HEC le dió la primera oportunidad de salir de su habitación en varios años.

El viernes por la noche durante el baile algunos se mecen al ritmo de la música, unos aplauden, otros simplemente sonríen. Las sillas de ruedas se mueven al ritmo de la música. Durante el retiro los participantes también siembran árboles en los alrededores de la propiedad en memoria de los amigos que hayan muerto desde el último retiro.

Bryan Hogan, un voluntario de HEC por muchos años nos dice que existen muchos "momentos mágicos." Recuerda una misa que el Padre Phil Tighe hizo para la comunidad de HEC y para los líderes del grupo de encuentro de los jóvenes adultos. "Durante la Misa el Padre Tighe pidió que los líderes se arrodillaran frente a un participante de HEC y que éste ofreciera una bendición por el líder del encuentro. Qué cosa más bonita, los voluntarios arrodillados frente a las personas en sillas de rueda, pidiéndoles una oración."

Hay otros momentos como el partido de voleibol en el que se ha instituido el rebote veinte veces.

Las discapacidades de los participantes a HEC van desde moderadas a severas. Muchos están confinados a una silla de rueda y necesitan cuidado todo el tiempo. El propósito del retiro de HEC es llenar las necesidades sociales y espirituales de los discapacitados físicamente, aunque aquellos con incapacidad mental también asisten. La idea es acercarlos todos a Dios por medio de discusiones en grupos pequeños y grandes, presentaciones y contando historias.

El director Heiser asistió este abril a su primer retiro de HEC. "Me impresionaron los voluntarios de nuestro grupo por su nivel de cuidado y compromiso por llenar ésas necesidades. Los miembros discapacitados me impresionaron por su voluntad, sinceridad y humildad para dejar que alguien, aún un extraño, entre en su mundo y los ayude, cualquiera que ésta sea, sin quejarse."

"Todos somos discapacitados de alguna manera," dice Kevin Flynn, un abogado miembro de la parroquia de St. Michael, el Arcángel. "Muchas veces nuestra ceguera puede ser que no podemos ver lo bueno en otras personas. Nuestra limitación puede también ser nuestra falta de paciencia para con los demás."

Para los que asisten por primera vez como voluntarios, la perspectiva de ofrecer cuidado las 24 horas puede ser algo intimidante. Sin embargo no se necesita tener experiencia médica, sólo la voluntad de aprender, divertirse y confiar en Dios.

"Hay cierta tristeza en ésta experiencia," nos dice Joanna Seliga quien asistió a su primer retiro éste abril. Su compañera fue Erin Dowling, quien para los demás es una mujer de 29 años en una silla de ruedas que sufre de parálisis cerebral. Para Joanna, se convirtió en una amiga que le gusta ir de compras y comer en Fuddrucker´s y se sonroja cuando le hacen bromas por su novio.

"Fue muy gratificante ver cómo las personas discapacitadas manejan sus retos. Hizo que me diera cuenta que si ellos pueden hacer lo que hacen con buen humor y una sonrisa en sus rostros, entonces yo puedo ciertamente hacer lo mismo con los retos que hay en mi vida," nos dice Seliga.

Algunas veces el reto puede ser acercarse a Dios. "Nunca me he sentido más feliz espiritualmente que después de asistir a éstos retiros," nos dice Anthony Radewicz. "Cuando regreso a la oficina voy de cubículo en cubículo contándoles a los demás."

Para el señor Flynn, el retiro ofrece la oportunidad de disminuirle la velocidad a una vida de carreras. Los veteranos de HEC ya le tienen hasta un nombre: se llama tiempo HEC. Este nombre se refiere a la tendencia de los voluntarios de quitarse sus relojes por un tiempo de llenarse de paciencia y dar el tiempo extra que se necesita para escuchar a los discapacitados verdaderamente.

"Aquí, sus voces son importantes" nos dice Jessica Morgan, la directora anterior de HEC. "En gran parte del mundo su voz no es importante, pero aquí si lo es."

A Billy pocas veces se le escucha. No puede hablar pero todo lo compensa con sonrisas grandes. Hace algunos años, un médico de Duke sufrió un ataque cardíaco mientras le practicaba un examen. Sólo, Billy salió al pasillo y se puso a hacer los ruidos que típicamente hace a los médicos y enfermeras que pasaban. Todos sonreían y le decían que regresara a la habitación. Pero Billy siguió insistiendo. Finalmente tomó a un doctor por la cintura y lo arrastró al cuarto de exámenes donde el doctor pudo salvar la vida de su colega.

"Todo lo que los participantes desean es que se les incluya. Tenemos este increíble fin de semana donde todos pueden contribuir de igual manera. Estamos haciendo el trabajo de Dios al simplemente estar allí y divertirnos. Pero creo que mi parte favorita es escuchar sus historias. Cada uno tiene una historia y cada uno tiene algo que contribuir que hace que uno aprecie lo que tiene," dice Darrell Coleman.

Talvez nadie tiene una mejor historia que la de Israel Pattison. Se crió siendo luterano y tenía toda la intención de seguir los pasos de su padre, un ministro luterano. Pero algo ocurrió en la universidad, se alejó de la religión y más bien estudió Psicología como su carrera.

Esta carrera lo llevó a trabajar como consejero en un campo de verano para personas con discapacidades. Mientras estaba allí conoció a una joven mujer llamada Camille Durfee, quien sufre de parálisis cerebral múltiple, está limitada a una silla de ruedas y sólo podía comunicarse con la ayuda de un computador.

Sin embargo, Israel se dio cuenta que su dificultad para comunicarse no significaba nada. De hecho, significaba todo; escondía una personalidad y una mentalidad hermosa. Cuando él las descubre se enamora.

Eso fue hace diez años. Pasemos ahora al 2004. Por medio de su computador, Camille le escribió a Israel un mensaje que él no esperaba. Dios va a regresar y necesito estar lista.

Israel bromeó con ella. Durante un tiempo la llevó a diferentes servicios religiosos, de diferentes denominaciones. Algunas veces hasta asistió a cuatro servicios en un mismo domingo. El día que Camilla fue a la parroquia de St. Francis of Assisi en Raleigh, supo que había llegado a casa.

Sin embargo la historia no termina allí ya que hasta ahora Israel sólo se veía a si mismo como el chofer. El fin de semana que Camille asistió a un retiro de RICA, él la acompañó para cuidarla.

Dios tenía planes diferentes. Durante la clausura del retiro, Israel profesó su deseo de entrar a la Iglesia Católica.

Durante la Pascua de éste año tanto Israel como Camilla recibieron los Sacramentos. "Es irónico que fuera Camille la que me hiciera regresar a la Iglesia," dice Israel. "La gran ironía es que al alejarme de la Iglesia pensé que estaría simplificando mi vida pero Dios usó a Camille para traerme de regreso."



Catholic News Service

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