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Ya que usted lo pregunta...
Este mes con la Dra. Marion Danforth
A mi buena amiga se le acaba de morir su esposo con quien estuvo casada 25 años. ¿Qué debemos decir cuando un amigo está en duelo por una pérdida significativa?
Cada pérdida es única; sin embargo, aquí les damos unas ideas importantes para pensar mientras trata de consolar a la persona que está de duelo.
Haga una pausa y reflexione. ¿Cuáles han sido sus propias experiencias frente al duelo? ¿Cuáles son sus sentimientos y cómo describiría ésa experiencia? ¿Qué cosas le ayudaron a manejar su pérdida y qué no sirvió? El conocer sus propios pensamientos, sentimientos y preocupaciones en el momento de acercarse a su amigo puede permitirle responder con empatía y compasión. Sin embargo, no juzgue en base a sus propias necesidades o experiencias la manera como su amigo hace su duelo.
Ame y escuche. Cuando haga una llamada o una visita, esté dispuesto a simplemente estar presente. Muchas veces decir "Lo siento" es suficiente. No importa qué tan inútil se sienta, usted no puede detener la pena de otra persona. "Estoy pensando en ti." "No alcanzo a imaginar cuán difícil es esto." "No sé que decir, pero debes saber que me importa." Cuando envíe una tarjeta, exprese su empatía y en lo posible, comparta un recuerdo.
Durante el duelo evite los clichés. Cuando necesitamos decir algo es fácil recurrir al común "Sé como te sientes." Toda pérdida es única para cada persona, por el momento en que ocurre, el tipo de pérdida y de relación. Hacer una comparación no le sirve de consuelo al doliente. "Mira el lado positivo, cuenta tus bendiciones." "Es la voluntad de Dios." Cuando se está en medio de una crisis por una pérdida no sirve de consuelo minimizar la tragedia. "Deberías...; Necesitas...; Debes..."; Evite dar consejo; la persona que atraviesa por el duelo puede determinar qué necesita. Sin embargo, puede ser útil ofrecerle que considere alternativas. Compartir con el doliente las experiencias propias que le demuestren solidaridad y sabiduría, puede servir también como fuente de gracia y fortaleza.
Ofrezca un lugar sagrado en el cuál su amigo pueda hablar, llorar, guardar silencio y también reír. El duelo es un proceso narrativo. El doliente necesitará de aquellos que tengan el don de escuchar. Cuando se presenta el silencio en el momento de compartir, aprenda a simplemente estar allí presente. Las lágrimas son expresiones de pesar y tristeza y también son testimonio de amor. No se sienta incómodo por las lágrimas del doliente ni por las suyas. Muchas veces las lágrimas sirven de alivio y de risa. Esté dispuesto a montarse en una montaña rusa, ya que el duelo es un ciclo de altos y bajos minuto tras minuto, hora tras hora y día tras día.
Sea realista. Sea flexible. Cuando se necesita llegarle a alguien que está sufriendo, ofrézcale el don y la disponibilidad del apoyo. En vez de decirle "Llámame cuando lo necesites", llámelo y hágale una invitación a comer en su casa o a almorzar por fuera. Si usted no tiene el don de la hospitalidad, haga una oferta que se ajuste a la realidad de la situación, como por ejemplo hacer las compras o llevarlo en su carro. Sea flexible siempre y repita la invitación que fue rechazada. Respete la sabiduría del doliente de saber qué está bien y qué es realista en un momento dado.
Comparta los recuerdos. Aunque los recuerdos pueden traer lágrimas al comienzo, son muestra del amor que se tenía por el difunto. Los recuerdos se convierten en un medio de sanación y a través del tiempo remplaza la pérdida física con los regalos que ésta persona compartió con uno durante la vida. Use el nombre del difunto en sus conversaciones. "Recuerdo el lugar donde María se paraba con el coro cada domingo." "Recuerdo las veces que Sam organizó los juegos de béisbol para el día campestre parroquial. Su entusiasmo nos contagiaba."
Ore. En medio del dolor, el doliente a menudo pierde las palabras para expresar o entender la situación. Esto puede parecer como una pérdida de fe. Poder recordar que los amigos lo tienen a uno en sus pensamientos y en sus oraciones sirve como una fuente de fuerza y esperanza. La pérdida inicia un proceso largo. Prolongue sus pensamientos y sus oraciones a través de las estaciones y los ciclos del tiempo. "Mientras el mundo celebra ésta fiesta, estoy pensando y orando por ti, para que puedas encontrar los momentos de gracia y sanación que necesitas."
Sea paciente. Después de la crisis, la vida de otros sigue adelante mientras la vida del doliente se ha roto y se ha desbalanceado totalmente. Es un proceso largo que va desde el aturdimiento, pasa por la angustia hasta la reestructuración de la vida nuevamente. No hay una medida de tiempo para las expectativas o que sirvan de comparación. Aunque la vida vuelva a balancearse y en el proceso emerja una nueva dirección en la vida y aparezca de nuevo la energía, la pena acompañará al doliente durante toda la vida. Un amigo está dispuesto a caminar a su lado día tras día.
Marion Danforth, M.P.S, Ed. D, es consejero para el duelo y Presidente del Departamento de Teología de la escuela Cardinal Gibbons en Raleigh.
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